El calentamiento global frena la rotación de la Tierra: los días se hacen más largos

Océanos más grandes, planeta más lento

El deshielo de inmensas capas de hielo está redistribuyendo el agua por todo el planeta, con una consecuencia inesperada: la Tierra gira cada vez más despacio. Lo que normalmente ocurre en escalas de decenas de miles de años está sucediendo ahora mismo, dentro de una sola vida humana.

Los científicos ya sabían desde hace tiempo que la Tierra no es un reloj perfecto. La duración del día varía ligeramente por factores naturales como las mareas, los movimientos del núcleo terrestre y las placas tectónicas. Sin embargo, un estudio reciente publicado en la revista Journal of Geophysical Research: Solid Earth demuestra que ahora existe un factor adicional: las emisiones humanas de gases de efecto invernadero están acelerando el deshielo de glaciares y casquetes polares.

El agua de deshielo no regresa ordenadamente a los polos, sino que se distribuye por los océanos, especialmente en torno al ecuador. Esto modifica la forma en que la masa se reparte sobre el planeta. Ese desplazamiento frena la rotación terrestre, igual que un patinador artístico gira más despacio cuando extiende los brazos.

El cambio climático está haciendo nuestros días mediblemente más largos, aunque hablamos de milisegundos por siglo.

Los investigadores calcularon que la duración del día aumenta actualmente en torno a 1,33 milisegundos por siglo debido a estos procesos impulsados por el clima. Es una cifra imperceptible en nuestra vida cotidiana, pero colosal en términos geofísicos.

Una pugna entre el interior de la Tierra y el clima

Curiosamente, el efecto del cambio climático estuvo oculto durante un tiempo. Hace algunos años, las mediciones mostraban que los días se habían acortado ligeramente respecto a los años setenta. La razón hay que buscarla en las profundidades del planeta.

Los movimientos del núcleo y el manto terrestres generan sutiles variaciones en la velocidad de rotación. Durante las últimas décadas, esa dinámica interna aceleró el giro del planeta, mientras que el deshielo climático actuaba en sentido contrario, frenándolo.

  • El núcleo y el manto terrestres: aceleraron temporalmente la rotación
  • El deshielo de los casquetes polares: frena la rotación
  • Resultado hasta hace poco: ambos efectos se compensaban aproximadamente entre sí

Según el nuevo estudio, ese equilibrio se ha roto. La influencia del hielo que se derrite está empezando a superar a la de los procesos del interior terrestre. Desde principios del siglo XXI, la duración del día crece a un ritmo que las fuerzas naturales normalmente necesitarían miles de años para producir.

La velocidad a la que los días se están alargando es "asombrosa" comparada con las variaciones naturales, afirman los investigadores.

Una mirada atrás de 3,6 millones de años

Para determinar lo excepcional de esta situación, los científicos no se limitaron a analizar datos satelitales modernos y relojes atómicos. También se adentraron en la historia geológica más profunda de la Tierra, analizando fósiles de organismos unicelulares microscópicos llamados foraminíferos bentónicos, hallados en antiguos fondos marinos.

La composición química de los esqueletos calcáreos de estos organismos está relacionada con el nivel del mar en el momento en que vivieron. Cuando los casquetes de hielo son mayores, el agua queda retenida en tierra y el nivel del mar desciende. Al derretirse el hielo, el nivel sube de nuevo. Reconstruyendo esos patrones con precisión, los investigadores pudieron deducir cómo se distribuyó la masa de hielo y agua en el pasado.

Para rellenar los huecos en los datos fósiles, emplearon un algoritmo probabilístico de aprendizaje profundo capaz de reconocer patrones en datos incompletos y estimar, con márgenes calculados, cómo evolucionó el nivel del mar en los períodos que faltaban. Después vincularon esos niveles reconstruidos a modelos físicos conocidos de la rotación terrestre.

Un precedente histórico muy escaso

Con este enfoque lograron retroceder 3,6 millones de años en el tiempo. A lo largo de todo ese período, solo encontraron un episodio en el que los días se alargaron tan rápido como ahora. Ocurrió hace aproximadamente 2 millones de años, durante una fase con ciclos extremadamente intensos de crecimiento y retroceso de los casquetes de hielo.

En aquel caso se trataba de ciclos astronómicos naturales, gobernados por pequeñas variaciones en la órbita terrestre alrededor del Sol y en la inclinación del eje terrestre. Esos procesos necesitaron decenas de miles de años para lograr el mismo efecto sobre la duración del día que la humanidad está alcanzando en apenas unas pocas décadas.

La velocidad a la que el ser humano está igualando el antiguo ritmo del planeta no tiene precedentes en la historia geológica reciente, según los investigadores.

Perspectiva futura: días más largos que los provocados por la Luna

Si las emisiones de gases de efecto invernadero se mantienen en los niveles actuales, los días podrían alargarse aún más rápido hacia finales de este siglo. El estudio estima un posible aumento de 2,62 milisegundos por siglo en torno al año 2100.

Para ponerlo en perspectiva: la Luna lleva miles de millones de años frenando la rotación terrestre mediante las mareas, un proceso que también hace que nuestro satélite se aleje lentamente de nosotros. La contribución calculada del cambio climático humano a ese frenado podría superar a la de la Luna antes de que acabe este siglo. Eso ilustra con qué potencia el desplazamiento de masa provocado por el deshielo actúa sobre nuestro planeta.

Cuando el tiempo deja de ser exacto

Para nuestra percepción cotidiana, unos pocos milisegundos por siglo apenas significan nada. Para la tecnología moderna, la situación es muy distinta. Nuestra sociedad funciona gracias a una medición del tiempo extraordinariamente precisa. Los relojes atómicos registran la hora oficial mundial, y sistemas de navegación como el GPS leen esa hora para determinar posiciones con precisión métrica.

Incluso pequeños errores temporales pueden desencadenar una reacción en cadena. Por ejemplo:

  • Los aviones dependen de señales GPS de alta precisión para navegar con seguridad.
  • Los satélites deben permanecer perfectamente sincronizados entre sí.
  • Las redes eléctricas equilibran oferta y demanda en fracciones de segundo.
  • Los mercados financieros procesan decenas de miles de transacciones por milisegundo.

Cuando la rotación terrestre cambia, el estándar oficial de tiempo debe ajustarse. Actualmente esto se hace de vez en cuando mediante el llamado segundo intercalar, un segundo adicional que se inserta para mantener sincronizados el tiempo atómico y el tiempo terrestre. Cuanto más rápido o más lento cambia la rotación, más compleja se vuelve la planificación y gestión de esas correcciones.

Sistema Dependencia de la rotación terrestre
Internet y centros de datos Sincronización de servidores a nivel de milisegundo
GPS y navegación La precisión posicional depende directamente de los relojes atómicos
Misiones satelitales Los cálculos orbitales usan datos exactos de rotación terrestre
Redes eléctricas Control de oferta y demanda en tiempo real
Bolsas y pagos electrónicos Las marcas temporales determinan el orden y la validez de las transacciones

Si la desviación entre el tiempo atómico y la rotación física de la Tierra se hace demasiado grande, los organismos internacionales tendrán que intervenir con mayor frecuencia y quizás en momentos más delicados. Eso puede provocar problemas de software, interrupciones inesperadas y errores de cálculo en sistemas que no estén adecuadamente preparados.

Lo que esto revela sobre el poder del cambio climático

El hecho de que la humanidad esté alterando el ritmo de rotación terrestre demuestra hasta qué punto el calentamiento global afecta a procesos planetarios fundamentales. No se trata únicamente de veranos más calurosos, inviernos más lluviosos o glaciares alpinos que retroceden. El cambio alcanza la esencia misma de cómo la Tierra se mueve físicamente en el espacio.

Para muchas personas esto puede sonar abstracto. Sin embargo, constituye una señal más de que el calentamiento no se limita a daños visibles como inundaciones o incendios forestales. Los mismos gases de efecto invernadero que elevan el nivel del mar y presionan los ecosistemas están modificando también la duración del día sobre la que toda nuestra tecnología está calibrada.

Para ingenieros y responsables políticos, esto se vuelve cada vez más relevante. Los sistemas que dependen de una medición temporal ultra precisa deberán diseñarse con mayor robustez. El software tendrá que adaptarse a ajustes frecuentes en los estándares de tiempo. Las misiones espaciales, la monitorización climática y la aviación se beneficiarán de escenarios que incorporen explícitamente estas desviaciones.

Para quienes ven el debate climático como algo lejano a su realidad cotidiana, quizás este enfoque ofrezca una perspectiva diferente. El calentamiento no solo afecta a costas, récords meteorológicos o osos polares: también desplaza, milímetro a milímetro, el reloj invisible sobre el que funciona nuestra civilización. Eso hace que el vínculo entre las emisiones humanas y las propiedades más fundamentales de nuestro planeta resulte dolorosamente tangible.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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