Algo preocupante ocurre en el campo norteamericano
En las zonas rurales de Norteamérica se repite un patrón inquietante: allí donde avanzan los megacultivos y las explotaciones industriales, las aves desaparecen a una velocidad sin precedentes.
Un extenso estudio llevado a cabo durante décadas demuestra que el declive de las poblaciones de aves no solo continúa, sino que en determinadas regiones agrícolas se está acelerando. Las áreas con mayor concentración de pesticidas, fertilizantes artificiales y monocultivos interminables son las que registran los impactos más devastadores.
Más de 261 especies seguidas durante tres décadas
La investigación, publicada en la revista científica Science, analizó los censos de 261 especies de aves en Norteamérica entre 1987 y 2021. A lo largo de ese período, el número medio de individuos por especie cayó aproximadamente un 15 por ciento. Casi la mitad de las especies estudiadas —el 47 por ciento— entra en la categoría de "declive evidente".
Los investigadores no se limitaron a contabilizar cuántas aves habían desaparecido, sino que también examinaron la velocidad a la que se producen esas pérdidas. El objetivo era identificar dónde se acelera la tendencia descendente, una señal de alarma que permite detectar poblaciones en peligro antes de que colapsen por completo.
En aproximadamente una cuarta parte de todas las especies, el número de aves no solo disminuye, sino que cada año la caída se vuelve más pronunciada.
Para el 24 por ciento de las especies, el retroceso se retroalimenta: cada año se pierden proporcionalmente más individuos que el anterior. Estos "puntos calientes" de declive acelerado coinciden claramente con zonas de agricultura intensiva, caracterizadas por un uso elevado de pesticidas y fertilizantes químicos, además de grandes extensiones de tierra cultivada.
Los resultados son coherentes con investigaciones internacionales previas. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza señaló recientemente que el 61 por ciento de todas las especies de aves del mundo está reduciendo su población. La expansión y el crecimiento a gran escala de la agricultura se señalan como uno de los principales factores que impulsan ese declive.
Por qué la agricultura intensiva golpea tan duramente a las aves
Pérdida de hábitat y fragmentación del paisaje
Cuando la naturaleza cede terreno a cultivos, invernaderos y granjas industriales, las aves pierden sus hogares. Los bosques se talan, los arbustos y matorrales desaparecen, los canales se rectifican y las carreteras fragmentan el territorio en piezas aisladas. Para muchas especies, esto se traduce en menos lugares donde anidar, menos refugio frente a los depredadores y una menor variedad de fuentes de alimento.
- Los setos y linderos de vegetación dejan paso a parcelas rectilíneas y uniformes.
- Las charcas y humedales se drenan para facilitar el paso de maquinaria agrícola.
- En lugar de un mosaico de hábitats diversos, surgen enormes extensiones dominadas por un único cultivo.
Un paisaje tan homogéneo puede resultar habitable para unas pocas especies adaptadas, pero la gran mayoría pierde las condiciones necesarias para reproducirse y alimentarse.
Veneno para los insectos, hambre para las aves
Igual de determinante es lo que ocurre sobre esos campos. Los fertilizantes artificiales, los herbicidas y otros productos fitosanitarios constituyen la columna vertebral de la agricultura industrial. Están diseñados para combatir plagas y aumentar los rendimientos, pero sus consecuencias para las aves son radicalmente distintas.
El estudio subraya que el mayor daño no proviene necesariamente de la intoxicación directa de las aves, aunque esto también puede ocurrir. El verdadero perjuicio surge cuando su cadena alimentaria se desmorona. Muchos pájaros cantores, golondrinas e insectívoros dependen directamente de una población abundante de insectos. Los polluelos crecen consumiendo orugas, escarabajos y otros pequeños invertebrados.
Cuando los pesticidas eliminan los insectos, el paisaje se convierte para las aves en un banquete abundante pero completamente vacío.
Los insecticidas arrasan con las plagas, pero también eliminan especies que no son su objetivo. Los herbicidas transforman la vegetación y acaban con las flores y hierbas que los insectos necesitan para sobrevivir. Los fertilizantes pueden empobrecer indirectamente la diversidad vegetal y, con ella, la de los insectos. Todos estos efectos se acumulan y dan lugar a campos silenciosos donde apenas queda vida.
Monocultivos y silencio en la tierra
Los monocultivos —enormes extensiones sembradas con un único cultivo— plantean un problema diferente. Florecen en un momento predecible, ofrecen una gama limitada de semillas o insectos y apenas proporcionan alimento fuera de la temporada de cosecha. Para muchas especies, esto supone largos períodos de escasez.
Las aves típicamente agrícolas, como las alondras, los escribanos y las codornices, son especialmente vulnerables a esta combinación de cultivo intensivo y desaparición de los elementos del paisaje en pequeña escala.
El cambio climático agrava aún más la situación
Los investigadores también detectaron un papel significativo del aumento de las temperaturas. Las condiciones más cálidas estuvieron asociadas a una disminución generalizada de las poblaciones de aves, con independencia de la aceleración observada en las zonas de agricultura intensiva.
Las temperaturas más elevadas afectan a las aves de múltiples maneras:
- Las olas de calor más frecuentes pueden provocar agotamiento o muerte directa.
- Los cambios en el momento de floración y en el pico de insectos hacen que los polluelos nazcan demasiado pronto o demasiado tarde.
- Las lluvias torrenciales y las tormentas más intensas destruyen los nidos.
Es significativo que la agricultura intensiva y el calentamiento parecen reforzarse mutuamente. Las zonas donde las temperaturas subieron con más fuerza en las últimas décadas mostraron precisamente los descensos más pronunciados relacionados con la actividad agrícola. La expansión de los cultivos suele ir acompañada de menos árboles y menos sombra, lo que a su vez reduce la absorción de CO₂ y puede acelerar el calentamiento tanto a nivel local como global.
Las poblaciones de aves que ya sufren escasez de alimento o falta de hábitat reciben un golpe adicional con el estrés térmico y los fenómenos meteorológicos extremos.
Alternativas: ¿puede la agricultura sostenible marcar la diferencia?
Según los expertos, otros modelos agrícolas sí ofrecen perspectivas alentadoras. Bajo el concepto de agricultura regenerativa o integrada con la naturaleza, los agricultores trabajan con menos productos químicos y prestan más atención a la vida del suelo, la biodiversidad y el paisaje.
Para las aves, las medidas concretas más relevantes son:
- Reducir el uso de pesticidas y fertilizantes artificiales.
- Reservar espacio para setos, lindes floridas, franjas de vegetación y charcas.
- Apostar por la rotación de cultivos y los policultivos en lugar de los monocultivos permanentes.
- Adaptar el momento de siega y cosecha para evitar los períodos críticos de reproducción.
Investigaciones realizadas en varios países demuestran que las explotaciones con mayor variedad de cultivos y bordes ricos en hierbas y flores albergan significativamente más aves. Las poblaciones de insectos también se recuperan con más rapidez en esos entornos. A largo plazo, esto puede resultar beneficioso incluso para los propios agricultores, ya que regresan los controladores naturales de plagas y mejora la calidad del suelo.
Implicaciones para las políticas y para los agricultores
El nuevo estudio aporta datos contundentes que los responsables políticos difícilmente pueden ignorar. Que una cuarta parte de las especies retroceda de forma acelerada cada año apunta a un problema estructural del sistema. Las subvenciones y normativas que durante décadas han favorecido la concentración y la intensificación agraria muestran así sus consecuencias más evidentes.
Para los agricultores, esto plantea una difícil encrucijada. Por un lado, los costes aumentan y la presión del mercado no cesa; por otro, crece la demanda de alimentos producidos de forma más sostenible. Muchas explotaciones están financieramente atrapadas y no ven margen a corto plazo para introducir cambios profundos sin el apoyo de las administraciones públicas o de los actores de la cadena de valor.
Los programas que recompensan a los agricultores por crear franjas floridas, mantener franjas de hierba sin segar o reducir el uso de pesticidas pueden generar un punto de inflexión. Sobre todo si los supermercados y las industrias transformadoras están dispuestos a ofrecer a cambio precios más altos o contratos más estables.
Contexto más amplio: qué factores influyen en la vida de las aves
La situación en Norteamérica presenta similitudes notables con la de muchas regiones europeas. También allí las aves ligadas al medio agrícola llevan años bajo una presión creciente, con causas muy parecidas: cultivo intensivo, escasez de elementos paisajísticos y uso elevado de productos fitosanitarios.
Para quienes quieran tomar decisiones más favorables para las aves, hay varios factores que actúan simultáneamente:
- Alimentación: disponibilidad de semillas, insectos y bayas durante todo el año.
- Seguridad: cobertura suficiente frente a depredadores y tranquilidad durante la época de cría.
- Estructura: alternancia de praderas, cultivos, arbustos, árboles y zonas de agua.
- Clima: el calor, la sequía y las lluvias intensas determinan cuántas crías logran sobrevivir.
Incluso las pequeñas iniciativas fuera del ámbito agrícola marcan la diferencia. Los jardines con plantas autóctonas, los márgenes de carretera menos podados y la reducción de la contaminación lumínica nocturna ayudan a las aves a encontrar alimento y desplazarse con seguridad entre los grandes espacios naturales.
Quien analice los resultados de este estudio encontrará un hilo conductor muy claro: cuanto más uniforme e intensivo es el paisaje, más difícil resulta para las aves sobrevivir en él. Cuando la agricultura deja espacio para la variedad, usa menos agroquímicos y conserva más estructuras verdes, las oportunidades para las aves vuelven a crecer.













