Un investigador japonés quiere obtener energía limpia de las olas del océano en movimiento

Un giroscopio como pequeña central eléctrica flotante

Lo que hoy es apenas un modelo matemático y una serie de simulaciones por ordenador podría convertirse, en los próximos años, en un nuevo tipo de central de energía undimotriz. La idea central: una cápsula flotante que alberga un disco giratorio de alta velocidad capaz de capturar el movimiento turbulento del mar y transformarlo en electricidad.

El estudio, publicado en la revista especializada Journal of Fluid Mechanics, es obra de Takahito Iida, experto en ingeniería naval de la Universidad de Osaka. Sus cálculos indican que un denominado convertidor giroscópico de energía undimotriz podría transformar teóricamente hasta la mitad de la energía cinética de las olas en electricidad.

Este tipo de instalación, conocida por sus siglas en inglés GWEC (Gyroscopic Wave Energy Converter), tiene el aspecto exterior de una boya o pontón flotante. En su interior gira a gran velocidad un disco de considerable peso, conectado directamente a un generador eléctrico.

Las olas hacen oscilar el cuerpo flotante, el disco giroscópico se resiste a ese movimiento y esa fuerza de reacción se canaliza hacia un generador que produce electricidad.

La técnica se apoya en un fenómeno físico llamado precesión. Cuando se aplica una fuerza sobre un objeto en rotación, este no reacciona en la misma dirección sino de forma perpendicular. Aprovechando este principio de manera inteligente, el sistema puede "capturar" una gran parte del movimiento ondulatorio y convertirlo en algo útil.

Por qué fracasaron los proyectos anteriores de energía undimotriz

La idea de aprovechar la energía giroscópica de las olas no es nueva. Investigadores del Politecnico di Torino, en Italia, ya desarrollaron antes sistemas similares, como el proyecto ISWEC (Inertial Sea Wave Energy Converter). Estos diseños llegaron a los medios internacionales, pero quedaron atrapados en fases de prueba y demostración sin llegar a consolidarse.

Los principales obstáculos que encontraron aquellos proyectos fueron los siguientes:

  • Las olas cambian constantemente en altura, dirección y período
  • La mayoría de los sistemas estaban calibrados para un patrón de oleaje muy concreto
  • El rendimiento caía drásticamente en cuanto el mar se comportaba de forma diferente a lo previsto
  • El mantenimiento en alta mar resultaba caro y extremadamente complicado

Una comparación habitual es la de un panel solar fijo que no puede orientarse. Mientras el sol incide directamente sobre su superficie, funciona a pleno rendimiento. En cuanto cambia el ángulo de incidencia, la producción cae con rapidez. Algo muy parecido ocurría con muchos sistemas de energía undimotriz cuando el oleaje no coincidía con las condiciones previstas en el diseño original.

Qué hace diferente a este nuevo concepto

Iida ha descrito matemáticamente el comportamiento completo de un sistema giroscópico partiendo de la teoría lineal de ondas. En ese marco, el mar se comporta como una sucesión ordenada de olas regulares, lo que hace los cálculos más manejables y predecibles.

A partir de esos modelos llega a una conclusión fundamental: un GWEC exitoso debe ser capaz de adaptarse de forma continua. El investigador identifica dos parámetros clave que deben ajustarse en tiempo real:

  • La velocidad de rotación del disco giroscópico
  • La resistencia eléctrica aplicada al generador

Ajustando ambas variables de manera constante según las condiciones del oleaje en cada momento, sus simulaciones muestran que el sistema puede mantenerse cerca de un rendimiento del 50 por ciento. Mientras que diseños anteriores colapsaban ante olas más altas, inclinadas o irregulares, su instalación virtual mantiene un comportamiento razonablemente estable.

Según la investigación, un sistema giroscópico con control adaptativo puede mantener una absorción elevada de energía undimotriz tanto en condiciones de mar suave como en aguas más agitadas.

El límite físico: por qué el 50 por ciento es tan relevante

Ese dato del 50 por ciento no es una cifra de marketing elegida al azar. Tiene que ver con un límite estricto impuesto por la física de las ondas. Para cualquier dispositivo flotante y oscilante sobre una superficie de agua plana, existe una regla inamovible: no es posible extraer más de la mitad de la energía de una ola que pasa sin alterar profundamente la propia ola.

Este límite guarda similitud con el conocido límite de Betz aplicado a los aerogeneradores. Una turbina eólica puede captar como máximo aproximadamente el 59 por ciento de la energía del viento que la atraviesa. Si se intenta extraer más, el flujo de aire se detiene y el sistema deja de funcionar correctamente.

El trabajo de Iida gira, por tanto, en torno a una pregunta esencial: ¿cómo acercarse lo máximo posible a ese 50 por ciento bajo el mayor número posible de condiciones de oleaje distintas? Sus simulaciones demuestran que un control adaptativo puede lograrlo en teoría.

El problema: el océano no es un ejercicio de matemáticas

Cualquiera que haya navegado en un transbordador o un barco pesquero sabe que el mar rara vez se comporta de forma ordenada y predecible. El propio investigador lo reconoce abiertamente. Cuando alimenta su modelo con olas irregulares, asimétricas y con distintas orientaciones simultáneas, el rendimiento desciende de forma notable.

En condiciones de oleaje intenso, el sistema pierde una parte considerable de su ventaja teórica. Las olas empujan desde varios frentes al mismo tiempo y con ritmos distintos, lo que dificulta que el control ajustado mantenga el dominio sobre los movimientos del conjunto.

A esto se añade un aspecto práctico nada menor: el disco giratorio del GWEC no acelera solo. Hace falta energía para mantener el volante a la velocidad de rotación adecuada y para vencer la fricción en rodamientos y engranajes. Todo eso también consume electricidad.

Si el consumo propio del disco giroscópico es demasiado elevado, se lleva una parte visible de la producción y el balance energético del sistema puede incluso invertirse.

En los cálculos actuales, ese consumo interno aún no está completamente integrado. Para una instalación comercial, ese detalle es precisamente el decisivo: solo cuando los kilovatios-hora generados superen claramente a los consumidos resultará un GWEC verdaderamente interesante desde el punto de vista económico.

El siguiente paso: del ordenador al agua de mar real

A pesar de las limitaciones señaladas, Iida no descarta su modelo. Al contrario, pretende realizar experimentos con maquetas físicas a escala lo antes posible. En una primera fase, lo más probable es que las pruebas se lleven a cabo en un canal de oleaje, donde las olas pueden generarse y reproducirse con gran precisión.

Con esas pruebas quiere averiguar lo siguiente:

  • En qué medida coinciden las simulaciones con las mediciones reales
  • Con qué rapidez y precisión puede responder el control del disco giroscópico
  • Cuánta energía consume el sistema durante un funcionamiento prolongado
  • Cómo reacciona la instalación ante golpes de oleaje inesperados

Paralelamente trabaja en un segundo diseño. En lugar de un flotador completamente simétrico, estudia una forma asimétrica con perfiles distintos a cada lado. Ese tipo de casco responde de manera diferente ante las olas entrantes y, según sus cálculos, podría superar en algunos aspectos el actual límite teórico del 50 por ciento.

Esa idea roza directamente los límites físicos establecidos y es, por tanto, altamente especulativa. Solo pruebas prácticas extensas podrán determinar si la teoría se mantiene en pie cuando el oleaje real ponga a prueba la instalación.

Qué hace atractiva la energía undimotriz para países con costa

Para un país costero con acceso a mares activos, la energía undimotriz resulta prometedora. Los parques eólicos ya están presentes en grandes cantidades en muchas costas europeas, pero el viento no sopla siempre con la misma intensidad. El movimiento de las olas, en cambio, persiste durante más tiempo, incluso horas después de que el viento haya amainado.

Un sistema robusto que convierta parte de ese oleaje constante en electricidad puede convertirse en un complemento valioso junto a la energía eólica y solar. En un escenario ideal, los paneles solares cubrirían los picos diurnos, los aerogeneradores compensarían las noches y los períodos invernales, y las instalaciones undimotrices aportarían un nivel base más estable.

No obstante, los retos son considerables: anclaje seguro en alta mar, protección frente a temporales, mantenimiento de componentes móviles en un entorno marino salino y correcta integración en las redes eléctricas existentes. Un giroscopio con grandes masas giratorias exige rodamientos resistentes y un sistema de parada de emergencia fiable para evitar que la instalación se descontrole en condiciones extremas.

Posibles aplicaciones prácticas en el futuro

A largo plazo, los convertidores giroscópicos de energía undimotriz podrían emplearse de distintas maneras:

  • Pequeñas unidades flotantes junto a parques eólicos existentes, conectadas a los mismos transformadores
  • Boyas autónomas que suministren energía a sensores, plataformas de medición y estructuras petrolíferas
  • Proyectos de demostración cercanos a la costa para probar la tecnología y las estrategias de mantenimiento
  • Combinaciones con parques solares flotantes, de modo que una sola infraestructura de anclaje y cableado sirva a múltiples fuentes de energía

Para responsables políticos y gestores de redes eléctricas, la pregunta clave es qué tan fiable resulta esta nueva fuente en comparación con tecnologías más consolidadas como la eólica y la solar. Los límites matemáticos y las simulaciones ofrecen una primera orientación, pero solo series de mediciones prolongadas en instalaciones reales revelarán con qué frecuencia el sistema falla, qué mantenimiento requiere y qué márgenes deben mantenerse en la red eléctrica.

Para quienes se interesan por la ingeniería energética, este estudio ofrece un ejemplo concreto de hasta dónde puede llegarse con una modelización inteligente. El salto de las matemáticas elegantes a los tornillos oxidados en agua salada sigue siendo enorme, pero sin ese primer trabajo de cálculo, los inversores no sabrían siquiera en qué dirección buscar.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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