Un descubrimiento que cambia nuestra comprensión de Marte
Las últimas mediciones del róver Perseverance de la NASA han revelado estructuras ocultas bajo la superficie del cráter Jezero. Lo que muestran es sorprendente: la zona parece haber sido moldeada por ríos y deltas mucho antes de lo que se creía, en etapas muy anteriores al paisaje deltaico que hoy es visible en la superficie.
Perseverance ve más allá del polvo superficial
La elección del cráter Jezero como punto de aterrizaje no fue ninguna casualidad. Desde la órbita marciana, los investigadores ya habían detectado señales de un antiguo lago alimentado por un río que desembocaba en el cráter. Las imágenes satelitales mostraban estructuras sinuosas y depósitos con un parecido asombroso a los deltas fluviales terrestres.
Cuando el róver llegó en 2021, los primeros análisis confirmaron esa hipótesis. Los instrumentos del vehículo detectaron, entre otras cosas, depósitos de carbonatos en el fondo del cráter. Estos minerales suelen formarse en contacto con agua líquida, como ocurre en lagos poco profundos. Las capas en el borde del cráter mostraban una estructura estratificada en abanico, característica de un delta donde un río desemboca en un lago.
Todas estas observaciones dibujaban un Marte que en su día fue cálido y húmedo. El agua fluía libremente por la superficie, formando lagos y deltas, y creando condiciones en las que, en teoría, la vida microbiana habría tenido alguna oportunidad.
Una especie de "visión de rayos X" para ver bajo el suelo marciano
Sin embargo, las huellas visibles solo cuentan una parte de la historia. Bajo la superficie pueden existir capas aún más antiguas, como las páginas enterradas en el fondo de un libro. Para acceder a esa historia más profunda, los ingenieros optaron por una técnica ampliamente utilizada en geofísica, geotecnia y arqueología: el georradar, también conocido como radar de penetración terrestre.
El principio es relativamente sencillo. Un emisor lanza ondas electromagnéticas de alta frecuencia hacia el subsuelo. Esas ondas viajan a través del terreno y reaccionan de forma diferente ante la arena, la roca, el hielo o los minerales. En las transiciones entre dos tipos de material, parte de la señal rebota. Un receptor instalado en el róver capta esas señales reflejadas.
Midiendo la diferencia de tiempo entre la emisión y la recepción, los científicos reconstruyen una especie de sección transversal del subsuelo. Funciona de manera similar a la imagen sísmica terrestre, aunque el georradar utiliza ondas electromagnéticas en lugar de vibraciones. Con frecuencias más bajas se llega más profundo, pero con menos detalle; con frecuencias más altas se obtiene mayor resolución, aunque con menor penetración.
En Marte, esta técnica permitió a Perseverance explorar hasta unos 35 metros de profundidad. No parece una cifra extrema, pero en paisajes sedimentarios suele ser suficiente para identificar antiguos cauces, deltas y otras estructuras relevantes.
Capas ocultas: ríos antiguos bajo el actual paisaje deltaico
Durante sus recorridos por el borde exterior del cráter Jezero, Perseverance transmitió continuamente datos del georradar. Un equipo internacional de investigadores transformó esa información en secciones transversales del terreno situado bajo las ruedas del róver. Lo que encontraron fue llamativo: capas alternadas, estructuras inclinadas y huecos con forma de canal.
Estas estructuras apuntan con fuerza a un antiguo sistema fluvial y deltaico que ya estaba activo mucho antes del paisaje deltaico que hoy se observa en la superficie.
Los investigadores identificaron en los datos, entre otros elementos:
- antiguos canales fluviales rellenos posteriormente con otro tipo de sedimento;
- depósitos similares a deltas con estructuras estratificadas en abanico;
- zonificaciones que recuerdan a un sistema fluvial trenzado, con múltiples brazos paralelos;
- posibles abanicos aluviales: depósitos que se forman cuando el agua se expande de forma repentina.
En conjunto, los patrones son coherentes con un sistema fluvial complejo que estuvo activo durante un periodo prolongado. La imagen del georradar sugiere que el entorno fue esculpido por agua en diferentes fases, no durante un único episodio húmedo y breve.
Una fase húmeda mucho más antigua de lo que se pensaba
Las estructuras ahora observadas parecen datar del Noáquico temprano, un periodo de la historia de Marte que se extiende aproximadamente entre hace 4.200 y 3.700 millones de años. Es la época en la que el planeta tenía una actividad volcánica mucho mayor y posiblemente una atmósfera más densa.
El paisaje deltaico conocido en el sector occidental de Jezero es más reciente y se sitúa entre el final del Noáquico y el inicio del Hespérico, hace aproximadamente entre 3.700 y 3.500 millones de años. Los nuevos resultados adelantan por tanto la primera fase húmeda de esta región y además sugieren que duró más tiempo del que se suponía.
El cráter Jezero no fue un lago efímero, sino una zona a la que el agua regresó repetidamente durante largos periodos, o incluso donde estuvo presente de forma continua durante mucho tiempo.
Esto aumenta la probabilidad de que en esta región existieran alguna vez condiciones en las que los microorganismos podrían haberse desarrollado. Para que surja vida no solo hace falta agua, sino también tiempo: los procesos químicos necesitan transcurrir durante el tiempo suficiente para que se formen moléculas complejas y ecosistemas estables.
Por qué este hallazgo es tan relevante para la búsqueda de vida
Para los astrobiólogos, la combinación de agua, minerales y tiempo es el factor decisivo. En Jezero convergen precisamente esos tres elementos. La región presenta, entre otras características:
| Característica | Relevancia para la posible existencia de vida |
|---|---|
| Flujos de agua prolongados | Espacio para ecosistemas estables y ciclos de periodos húmedos y secos |
| Depósitos deltaicos | Entorno favorable para capturar y preservar restos biológicos |
| Carbonatos y minerales arcillosos | Minerales capaces de retener huellas químicas de vida |
| Período geológico antiguo | Posible coincidencia con la época en que surgió la primera vida en la Tierra |
Perseverance perfora en distintos puntos de estos sedimentos y almacena las rocas extraídas en tubos sellados. Esos tubos están destinados a una futura misión de retorno de muestras marcianas, con la que los materiales serían trasladados a la Tierra. En laboratorios terrestres, los investigadores podrían entonces buscar estructuras microscópicas, moléculas orgánicas y patrones químicos compatibles con antiguos microbios.
Qué más puede revelarnos el georradar en Marte
Los resultados presentados hasta ahora se refieren únicamente a la ruta recorrida por Perseverance hasta el momento. A medida que el róver avance, el conjunto de "líneas de exploración" subterráneas irá creciendo y se irá construyendo una imagen tridimensional cada vez más completa de las capas sedimentarias del cráter Jezero.
Esto abre la posibilidad de averiguar, por ejemplo:
- cuál era la extensión exacta del antiguo lago;
- con qué profundidad los ríos erosionaron la roca en torno al cráter;
- si existen varias generaciones de deltas y sistemas fluviales superpuestos;
- dónde hay mayor probabilidad de encontrar sedimentos antiguos bien conservados para perforar.
Esta misma técnica podrá aplicarse en futuras misiones a Marte, por ejemplo en antiguos valles o en zonas glaciales donde hubo flujos de hielo. Así se irá construyendo, paso a paso, un archivo geológico de todo el planeta, no solo de lo que es visible en la superficie.
Conceptos clave para quienes no son geólogos
Un delta es una zona en forma de abanico donde un río desemboca en un lago o en el mar. Al perder velocidad, el agua deposita arena, limo y arcilla. En la Tierra, el delta del Nilo o el del Rin son ejemplos conocidos. Estos lugares acumulan sedimentos rápidamente, capa sobre capa, lo que los convierte en archivos ideales para preservar huellas del pasado.
Un abanico aluvial es similar a un delta, pero se forma en tierra firme. Imagina un arroyo de montaña que sale de un desfiladero estrecho y se extiende sobre una llanura más amplia, esparciendo su carga de grava y arena en una amplia forma de abanico. En climas áridos, como el del antiguo Marte, este tipo de estructuras era muy frecuente.
El Noáquico hace referencia a una etapa temprana de la historia de Marte, cuyo nombre proviene de la región Noachis Terra. En ese periodo, hace más de 3.700 millones de años, Marte probablemente experimentó su erosión hídrica más intensa. Muchos de los antiguos cráteres de impacto y redes fluviales del planeta datan de esa época. Por eso, el Noáquico es para muchos investigadores la ventana más importante para responder a la pregunta de si Marte tuvo alguna vez entornos habitables.
Para las futuras misiones tripuladas, este conocimiento también tiene un valor práctico. Una mejor comprensión del subsuelo ayuda a elegir zonas de aterrizaje seguras, a buscar hielo de agua subterránea y a evaluar el riesgo de terrenos inestables. Los mapas geológicos que Perseverance va construyendo poco a poco son tanto una máquina del tiempo hacia el pasado como una hoja de ruta para quienes algún día caminen sobre ese planeta.













