Este estofado fue elegido por los franceses como el símbolo culinario de su país

Un nuevo estudio revela cuál es el plato más representativo de Francia

En el marco de la presentación de la Guía Michelin 2026, la consultora Ipsos preguntó a ciudadanos franceses qué plato consideraban el mejor embajador de su gastronomía en el mundo. Entre raclettes, crepes, choucroute y otras recetas clásicas, un único guiso se alzó con claridad como símbolo culinario nacional.

El orgullo gastronómico de Francia, en cifras

La encuesta se llevó a cabo entre el 27 de febrero y el 2 de marzo de 2026, con una muestra de mil personas de entre 18 y 75 años residentes en Francia. Los resultados fueron contundentes: el 97% de los encuestados afirmó tener una opinión favorable sobre la gastronomía de su país, frente al 92% registrado el año anterior.

El estudio no se limitó a preguntar por platos concretos, sino que también exploró los hábitos alimentarios cotidianos. La cocina tradicional sigue muy presente en los hogares franceses: aproximadamente siete de cada diez encuestados aseguran comer un plato clásico al menos una vez por semana. No se trata solo de visitas a restaurantes, sino sobre todo de cocina casera.

Más de tres cuartas partes de los participantes cocinan con regularidad recetas del recetario nacional. El patrimonio culinario francés no vive en vitrinas de museo, sino en fogones domésticos, celebraciones familiares y cenas entre semana.

La cocina nacional no solo se admira, sino que se practica activamente en el día a día.

El estofado borgoñón se convierte en estandarte nacional

Una de las preguntas clave del estudio era directa: ¿qué plato representa mejor a Francia ante el resto del mundo? Los participantes eligieron entre una lista de grandes clásicos que incluía raclette, crepes, cassoulet y choucroute. Sin embargo, un nombre destacó con notable ventaja sobre todos los demás.

El ganador fue el bœuf bourguignon, el tradicional estofado de ternera con vino tinto originario de Borgoña. Un 46% de los encuestados lo señaló como el plato que mejor simboliza a Francia, una cifra considerablemente mayor que el 39% que lo eligió en la misma consulta del año anterior.

¿Por qué precisamente este guiso? Encaja a la perfección con la imagen que muchos tienen en el extranjero de la cocina francesa:

  • Una cocción lenta y pausada a fuego bajo durante horas
  • Una salsa rica y profunda elaborada a base de vino tinto
  • El uso de productos regionales del campo y de la viña
  • Una fuente que se pone en el centro de la mesa para que todos compartan

Aunque el plato tiene su origen en la región de Borgoña, hace tiempo que dejó de ser un plato meramente local. En el estudio se interpreta como una especie de bandera culinaria: igual de apropiado en un bistró de la capital que en un restaurante en el extranjero que quiera representar la esencia de la gastronomía francesa.

El bœuf bourguignon ha evolucionado de especialidad regional a símbolo universal del vino, el terruño y el placer de sentarse juntos a la mesa.

Qué revela el resto de la clasificación sobre los hábitos culinarios

Aunque solo se detalla la primera posición, los investigadores destacan una tendencia evidente en toda la lista. Los encuestados se decantaron mayoritariamente por platos contundentes y sabrosos que se sirven en grandes fuentes, dejando atrás la sofisticación del plato individual en porcelana fina para apostar por el confort food con una historia regional detrás.

El orgullo regional concentrado en una sola cazuela

Platos como el cassoulet o el confit de canard remiten directamente al suroeste del país. Esa región fue señalada por la mitad de los encuestados como la zona más gastronómica de Francia. Le siguen Auvernia-Ródano-Alpes con un 36% y Alsacia con un 33%.

Sin embargo, el estofado borgoñón trasciende esa lógica regional. Aunque procede de una comarca vitivinícola concreta, hoy se percibe casi como un plato de toda la nación. Aparece en mesas familiares, en cafés de barrio y en restaurantes turísticos de norte a sur, tendiendo puentes entre regiones, generaciones y paladares distintos.

La encuesta también evidencia que estas recetas clásicas no viven únicamente en los restaurantes. Cerca de siete de cada diez personas toman un plato tradicional cada semana, y casi ocho de cada diez los preparan ellas mismas en casa. El origen de esas recetas está cambiando paulatinamente:

  • El 62% cocina principalmente con recetas obtenidas de sitios web especializados en cocina
  • El 48% reconoce que la transmisión familiar sigue teniendo un papel decisivo

La tradición culinaria migra en parte de los cuadernos escritos a mano hacia las plataformas digitales, pero el resultado final en el puchero sigue siendo reconociblemente clásico.

Por qué un estofado funciona tan bien como símbolo culinario

No es casualidad que un guiso haya emergido como símbolo gastronómico por excelencia. Una cazuela así representa la lentitud en una época en que todo exige rapidez. La carne que se cuece durante horas en vino, caldo y hierbas aromáticas cuenta una historia de paciencia, dedicación y calidez del hogar.

La combinación de ternera y vino tinto reúne dos pilares fundamentales de la identidad francesa: la ganadería y la viticultura. Un plato como este conecta al ganadero, al bodeguero, al carnicero y al cocinero en un solo bocado. Encaja igual en el bistró de la esquina que en una mesa bien puesta un domingo lluvioso de invierno.

Además, el estofado es un plato pensado para compartir. Se coloca una gran cazuela en el centro de la mesa, cada uno se sirve a su gusto, se abre una botella de vino y se parte el pan. Esa imagen aparece de forma recurrente en guías de viaje, películas y series. La encuesta confirma que los propios ciudadanos franceses se sienten identificados con ella.

Quien pone una cazuela de estofado al fuego un domingo, está cocinando al mismo tiempo un trozo de identidad nacional.

La dimensión práctica: así vive este clásico en las cocinas de hoy

En casa, no todo el mundo cocina ya como lo hacía su abuela. Aun así, la esencia del plato permanece intacta. Muchas personas lo adaptan a su ritmo de vida: menos carne, más verduras, versiones más rápidas en olla a presión o en robot de cocina, o una preparación que se hace el día anterior para tener la comida lista durante una semana ajetreada.

Para quienes quieran intentarlo en casa, unas pocas pautas básicas ayudan a acercarse al sabor tradicional:

Elemento Elección tradicional Variante moderna
Carne Ternera con mucho tejido conjuntivo (morcillo, aguja) Combinación con setas o más verduras para reducir la carne
Vino Vino tinto de Borgoña o de estilo similar, ligero y elegante Vino de mesa asequible; en ocasiones, sin alcohol con más caldo
Cocción Cocción lenta en cazuela de hierro, a veces toda una tarde Cocción más rápida en olla a presión o slow cooker eléctrico
Servicio Con puré de patatas, pan o pasta en mesa grande En cuencos individuales, como plato único, a veces con ensalada fresca

De este modo, la base clásica se mantiene fiel a sus orígenes mientras el plato se adapta a las preferencias alimentarias actuales y a los horarios más exigentes.

Lo que este estudio dice sobre identidad nacional y gastronomía

La elección de un estofado como carta de presentación culinaria demuestra hasta qué punto la comida está ligada a la identidad colectiva. La gente se reconoce menos en un elaborado plato de estrella Michelin que se prueba una vez al año y más en algo que también puede aparecer en su propia mesa. Un plato que requiere tiempo, pero que no resulta necesariamente complicado.

Para otros países, el estudio ofrece un interesante espejo. Mientras Italia suele asociarse con la pizza y la pasta, o Japón con el sushi, Francia elige a través de sus ciudadanos una cazuela rebosante de ternera y vino tinto. Un plato que huele a domingo, a invierno, a familia y a largas sobremesas.

Quien disfrute cocinando puede recrear esa atmósfera con una sola cazuela, incluso en un pequeño apartamento urbano. Con una buena cazuela de hierro fundido, una botella de vino tinto asequible y algo de tiempo a fuego lento, ya se recorre gran parte del camino. El resto lo pone el momento en la mesa: las personas con quienes se comparte, el pan que va pasando de mano en mano y el último resto de salsa que alguien limpia con un pedazo de corteza antes de que se enfríe.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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