Por qué tantas mujeres dan a luz boca arriba – ¿y es realmente lo más adecuado?

En la mayoría de los hospitales, las mujeres paren tumbadas boca arriba, pero esa postura resulta ser una casualidad histórica y no precisamente la elección más natural.

Durante mucho tiempo, la posición en decúbito supino se consideró el estándar indiscutible en la sala de partos. Sin embargo, nuevas perspectivas desde la historia, la fisiología y estudios modernos están poniendo eso en entredicho. Cada vez más especialistas abogan por mayor libertad de movimiento y por parir en posición vertical, siempre que la situación lo permita con seguridad.

Cómo fue el médico, y no la madre, quien empezó a decidir la postura

Quien piense que las mujeres siempre han parido tumbadas está equivocado. Hace apenas unos siglos, agacharse en cuclillas, sentarse o estar semierguida era lo habitual. En muchas culturas sigue siendo así hoy en día, generalmente con apoyo de una silla especial o de otra persona.

El cambio llegó en el siglo XVII, cuando los cirujanos varones fueron desplazando progresivamente a las comadronas tradicionales. Un influyente médico francés propuso entonces que parir en cama, boca arriba, era más práctico. Cómodo para el doctor, claro para el instrumental, fácil para la observación.

En aquella época, el embarazo se concebía más como una dolencia médica que como una fase natural de la vida. Eso encajaba perfectamente con una dinámica en la que el médico ocupaba el centro y la mujer simplemente soportaba lo que le ocurría.

Una mirada real a la sala de partos

También circula una explicación casi anecdótica con tintes políticos. Un rey francés era conocido por su afición a presenciar los partos. Las sillas de parto tradicionales y las posturas en cuclillas le bloqueaban la visión, lo que habría impulsado aún más la costumbre de parir tumbada. No existe prueba sólida de ello, pero la anécdota ilustra muy bien la escasa capacidad de decisión que tenían las mujeres sobre su propio parto.

En apenas unos siglos, el foco pasó de lo que resulta mejor y más natural para la mujer que pare, a lo que resulta más práctico para el entorno médico.

Lo que el cuerpo demuestra: la gravedad como aliada olvidada

Si se analiza la anatomía sin prejuicios, parir en posición vertical tiene mucho sentido. En cuclillas o sentada, la pelvis se abre algo más, a veces varios centímetros. Puede parecer poco, pero durante la fase de pujo esa diferencia puede ser determinante.

En postura vertical, la gravedad ayuda al bebé a avanzar paso a paso por el canal del parto. La presión se distribuye mejor, el descenso resulta más fluido y el cuerpo trabaja a favor del proceso en lugar de en su contra.

Las matronas que trabajan con partos llamados «activos» señalan que prácticamente ningún mamífero pare espontáneamente boca arriba. Los partos no planificados o sin asistencia en humanos muestran lo mismo: las mujeres tienden instintivamente a agacharse, sentarse, apoyarse o arrodillarse.

Del papel activo al papel pasivo

Tumbada boca arriba, frecuentemente con las piernas en estribos, la mujer se convierte en alguien que básicamente debe seguir instrucciones. El profesional sanitario gana visibilidad y control total, pero el cuerpo tiene que trabajar contra la gravedad. El bebé, en cierto modo, sube en lugar de bajar.

Los críticos hablan de un «estándar antinatural» que complica innecesariamente un proceso normal y reduce a la parturienta a paciente en lugar de protagonista.

Parir boca arriba: ¿qué riesgos conlleva?

Diversos estudios han comparado partos en decúbito supino con partos en los que las mujeres podían moverse libremente o mantenerse erguidas. Una amplia revisión con más de cinco mil mujeres reveló un patrón bastante claro.

  • Mayor riesgo de cesárea cuando se permanece tumbada durante mucho tiempo.
  • Mayor uso de epidural, ventosa, fórceps y episiotomía.
  • Mayor duración del parto en la fase activa.
  • Mayor percepción del dolor, incluso con analgesia.
  • Mayor probabilidad de comprimir la aorta abdominal, lo que puede reducir el flujo sanguíneo hacia el bebé.

Cuando una embarazada está tumbada boca arriba, el pesado útero presiona con más facilidad los vasos sanguíneos abdominales. Eso puede provocar una bajada de tensión en la madre y una reducción del oxígeno que recibe el bebé, lo que a veces se refleja en el monitor fetal y puede desencadenar nuevas intervenciones.

Las ventajas de estar erguida y en movimiento son concretas

Las investigaciones sobre partos en posición de pie, sentada, en cuclillas o de rodillas muestran resultados diferentes. En muchos casos se observa lo siguiente:

Aspecto Decúbito supino Postura vertical o con movilidad
Duración del parto Generalmente más largo De media más corto
Percepción del dolor Con frecuencia más intenso Habitualmente más tolerable
Necesidad de instrumental Mayor uso de fórceps o ventosa Necesario con menos frecuencia
Oxigenación del bebé Problemas más rápidos por compresión vascular Circulación generalmente más favorable

Esto no significa que parir erguida sea siempre lo ideal. Mucho depende del estado de la madre y del bebé, de la duración del parto, de la posición del feto y de los posibles riesgos médicos presentes.

Por qué el sistema cambia tan lentamente

A pesar de todo, la sala de partos tradicional sigue estando claramente orientada al parto en posición horizontal. En muchos países, las camas de parto están diseñadas en torno a monitores, soportes para goteros y un acceso rápido al instrumental. Eso transmite sensación de seguridad y control tanto a médicos como a hospitales.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la postura ginecológica quedó firmemente arraigada. La obstetricia se medicalizó aún más, con mayores intervenciones, más tecnología y procedimientos cada vez más estandarizados. Eso trajo consigo una drástica reducción de la mortalidad materna e infantil, pero a veces a costa de la libertad de elección.

En algunos países, como los Países Bajos, la matrona goza de gran autonomía en embarazos sin complicaciones. El parto en casa o en un centro de nacimiento, en la postura que resulte más cómoda, está más respaldado allí que en sistemas donde prácticamente todo pasa por el hospital.

Cada vez más expertos prevén que, dentro de unos años, la práctica de tumbar automáticamente a toda parturienta se verá de una manera muy distinta.

Hacia un parto «activo» y al mismo tiempo seguro

No todo son señales negativas. Bastantes hospitales están habilitando salas especiales con iluminación suave, bañera de parto, pelota de pilates o cuerdas para colgarse. Allí las mujeres pueden gestionar las contracciones sentadas, colgadas, en cuclillas o semierguidas.

Otra tendencia es la llamada «epidural ambulante»: una analgesia epidural modificada que adormece menos las piernas. Así, la embarazada puede seguir girando, sentarse erguida o moverse con ayuda, mientras el dolor más agudo queda amortiguado.

Los ginecólogos insisten en que parir boca arriba no es «incorrecto» por definición. En determinadas situaciones, como complicaciones graves o un parto vaginal instrumental, esa postura es precisamente la necesaria para intervenir con rapidez y seguridad. En esos casos, la visibilidad y la velocidad de actuación del médico pesan más que los inconvenientes de estar tumbada.

Tener más control empieza con una conversación antes del parto

Cada vez con más frecuencia, matronas y ginecólogos trabajan con el llamado plan de parto. En él, los futuros padres pueden indicar:

  • Qué posturas desean probar durante la fase de dilatación.
  • Si quieren usar una pelota, bañera, cuerdas o silla de parto.
  • Cuál es su postura respecto a la analgesia y en qué momento estarían abiertos a ella.
  • Quién puede estar presente en la sala.
  • Cuáles son sus deseos si fuera necesaria una cesárea o una intervención mayor.

Ese plan no es un contrato, sino una guía orientativa. Si la situación cambia, la necesidad médica puede imponerse sobre las preferencias. Aun así, muchas mujeres se sienten más respetadas cuando sus deseos han sido tratados con antelación.

Lo que las embarazadas pueden hacer ya desde ahora

Quien esté embarazada y esté pensando en el parto puede hacer preguntas concretas durante los controles sobre posturas y libertad de movimiento. Por ejemplo: ¿hay salas con bañera de parto?, ¿puede la pareja acompañar bajo la ducha?, ¿existen apoyos para ponerse en cuclillas o para recostarse?

Un curso de preparto o un taller de educación maternal también puede resultar muy útil. Allí las mujeres practican distintas posturas, aprenden cómo la respiración y el movimiento pueden influir en la percepción del dolor y descubren cómo expresar lo que les resulta cómodo o incómodo.

Para quienes tienen riesgos médicos, como hipertensión, problemas de coagulación o un parto anterior complicado, el margen de maniobra puede ser algo más reducido. Sin embargo, incluso en esos casos es posible hablar sobre posturas en la fase inicial o sobre cómo pasar de forma tranquila a la posición en decúbito supino si llegara a ser necesaria una intervención.

El núcleo del debate actual gira en torno al equilibrio: espacio para posturas naturales que aprovechen la gravedad mientras sea posible, y una transición rápida y bien preparada hacia un mayor control médico cuando haga falta. En esa combinación, el papel de la mujer que da a luz está creciendo: de objeto pasivo tumbado a participante activa en su propio parto.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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