De humilde aldea pesquera a querida estación balnearia
Mientras la mayoría de los viajeros dirige su mirada de forma automática hacia la Provenza o la Costa Azul, un pueblo menos conocido a orillas del Canal de la Mancha está ganando protagonismo a pasos agigantados. Mers-les-Bains, una pequeña localidad costera del departamento del Somme, ha sido proclamada por la revista internacional AD Magazine como el mejor destino para el verano de 2026. Y la razón tiene nombre propio: sus colores, sus acantilados y su ambiente sin prisas.
En sus orígenes, Mers-les-Bains era un lugar sin pretensiones. Unas pocas casas, un puerto repleto de barcos pesqueros y una comunidad que vivía del mar y de algo de agricultura. El ritmo lo marcaban las mareas, no los turistas.
Todo cambió en el siglo XIX. Los baños de mar se pusieron de moda entre la burguesía, y la llegada del ferrocarril hasta la costa lo transformó todo. Desde París, de repente, uno podía plantarse a orillas del Canal en pocas horas. Los habitantes de la ciudad acudieron en masa a este rincón de la Mancha en busca de aire fresco, y con ellos llegaron el dinero, la arquitectura y una nueva forma de entender las vacaciones.
A lo largo de la playa comenzaron a surgir imponentes villas de estilo Belle Époque. No edificios grises y anónimos, sino casas alegres con balcones exuberantes, torrecillas, vidrieras emplomadas y fachadas en tonos suaves y vibrantes. Esa hilera de villas sobre el paseo marítimo sigue siendo hoy la tarjeta de presentación del pueblo.
Mers-les-Bains es una mezcla poco habitual de costa agreste y arquitectura casi lúdica, que en los días soleados hace que el pueblo parezca una postal viviente.
Aun así, no se ha convertido en un destino masificado. Alrededor de 2.500 habitantes, los llamados mersois, viven aquí durante todo el año. En verano el ritmo se acelera: las terrazas se llenan, los mercados se amplían y las segundas residencias vuelven a abrir sus puertas. Pero quien llega en primavera o en otoño todavía encuentra la atmósfera tranquila y cercana de un pueblo costero de toda la vida.
¿Dónde se encuentra exactamente Mers-les-Bains?
Geográficamente, esta localidad ocupa una posición muy interesante: en el límite entre las antiguas regiones de Picardía y Normandía, justo en la desembocadura del río Bresle. El pueblo se asoma al Canal de la Mancha y forma parte de lo que se conoce como las "tres ciudades hermanas": Mers-les-Bains, Le Tréport y Eu.
- Mers-les-Bains: villas de colores, playa y acantilados de tiza
- Le Tréport: localidad portuaria con barcos pesqueros y teleférico hasta los acantilados
- Eu: ciudad histórica tierra adentro, con un castillo y calles tranquilas
Las tres localidades casi se funden entre sí, aunque cada una conserva su propio carácter. Lo que las une son los acantilados de tiza blanca que bordean la costa y la influencia evidente del mar en la vida cotidiana: desde la pesca y la reparación de embarcaciones hasta el turismo y la gastronomía.
Por qué AD Magazine corona a Mers-les-Bains como destino estrella
AD Magazine, revista internacional de estilo de vida y viajes, buscaba para el verano de 2026 un destino europeo que ofreciera algo distinto a los lugares habituales. No otra elegante estación balnearia más, sino un sitio con personalidad propia, accesible a un público amplio y con un entorno fotogénico de verdad.
La publicación destaca especialmente las fachadas de colores, la atmósfera Belle Époque intacta y la combinación de mar, patrimonio y naturaleza al alcance de la mano.
La redacción señala, entre otros aspectos:
- la hilera continua de villas de la Belle Époque perfectamente conservadas
- los impresionantes acantilados de tiza a lo largo de la costa
- el ambiente tranquilo y relativamente asequible en comparación con el sur de Francia
- la proximidad a la Bahía del Somme, un espacio natural de valor internacional
Para los viajeros aficionados a la fotografía y las redes sociales, el pueblo resulta irresistible. La mezcla de fachadas verde pastel, rojo oscuro y azul intenso contra el blanco de los acantilados y el gris azulado del Canal produce imágenes llamativas, sin necesidad de buscar durante horas el rincón perfecto.
Playa, rutas a pie y miradores
El principal atractivo de Mers-les-Bains es la costa en sí misma. La playa mide aproximadamente un kilómetro y está formada por grandes cantos rodados, con franjas de arena que quedan al descubierto con la marea baja. A un lado se escucha el rodar de las piedras con las olas; al otro, los acantilados de tiza se elevan decenas de metros sobre la cabeza.
El paseo marítimo invita a caminar sin rumbo fijo. Por la mañana se ven corredores y personas paseando perros; al mediodía, familias con neveras portátiles; y en las tardes cálidas, parejas que pasean con un helado en la mano contemplando la hilera de villas. Los atardeceres sobre el mar ofrecen con frecuencia cielos anaranjados y rosados que contrastan de forma espectacular con los acantilados claros.
Senderismo por los acantilados
Para quienes prefieren moverse, existen varias rutas de senderismo sobre los acantilados de tiza. Desde la meseta superior se domina una vista panorámica del agua, las tres ciudades hermanas y, en días despejados, un tramo más amplio de la costa francesa. Los senderos no son técnicamente difíciles, aunque un calzado adecuado es imprescindible: los cantos rodados y la tierra pueden volverse resbaladizos tras la lluvia.
Muchos visitantes combinan el paseo con una excursión a la cercana Bahía del Somme, un gran espacio de mareas con bancos de arena, marismas y una abundante fauna de aves y focas. Desde Mers-les-Bains se llega fácilmente en coche o en tren como excursión de un día.
Ambiente de pueblo, mercados y rincones gastronómicos
Quien va más allá de las fachadas que dan al mar descubre que Mers-les-Bains también tiene encanto tierra adentro. Calles estrechas, pequeñas plazas y casas sencillas recuerdan el pasado pesquero del lugar. En temporada alta aparecen puestos con productos regionales: quesos, sidra de manzana, cervezas locales y, por supuesto, pescado y marisco.
La oferta de restauración es variada pero contenida. No hay una interminable fila de beach clubs con música electrónica, sino bistros, restaurantes de pescado y cafés donde conviven locales y turistas. Las cartas incluyen mejillones, sopa de pescado, bandejas de fruits de mer y postres dulces con manzana o caramelo, muy típicos del norte de Francia.
| Actividad | Ideal para | Detalle destacado |
|---|---|---|
| Paseo entre las villas | Amantes de la arquitectura y la fotografía | Colores y ornamentos distintos en cada casa; muchos detalles solo se aprecian de cerca |
| Vistas desde los acantilados | Amantes de la naturaleza y senderistas | En días claros, panorámica de las tres ciudades hermanas |
| Día de mercado en el pueblo | Gourmets y familias | Productos regionales de Picardía y Normandía reunidos en un mismo espacio |
Consejos prácticos para planificar el viaje
Mers-les-Bains resulta especialmente interesante por su accesibilidad: se llega con relativa rapidez sin tener que afrontar la masificación de las regiones del sur. Dependiendo del punto de origen en España, puede combinarse perfectamente con una ruta más amplia por el norte de Francia, lo que lo convierte en una alternativa sólida para quienes quieren descubrir el país sin bajar hasta el Mediterráneo.
- Mejor época para visitar: de finales de mayo a principios de septiembre, con mayor animación en julio y agosto
- Clima: oceánico templado; menos caluroso que el sur de Francia, pero con periodos soleados frecuentes
- Aparcamiento: existen zonas habilitadas en el centro y sus alrededores, aunque en semanas punta se llenan rápidamente
- Idioma: fuera de la hostelería turística, el inglés se habla poco; unas nociones básicas de francés facilitan mucho las cosas
Quienes prefieren el tren pueden llegar a través de París hasta la estación de Le Tréport-Mers. Desde allí, un paseo de unos quince minutos conduce al centro y al paseo marítimo, lo que hace que Mers-les-Bains sea perfectamente accesible también para los viajeros que evitan el coche.
Patrimonio protegido, naturaleza y precauciones en la costa
Las casas de colores que se asoman al mar están bajo protección patrimonial. Los propietarios deben respetar normas estrictas a la hora de restaurar o pintar sus fachadas. Esto garantiza una imagen urbana bastante homogénea, aunque encarece el mantenimiento. Precisamente esa protección explica por qué el paseo sigue teniendo tanto encanto y no ha sido colonizado por bloques de apartamentos modernos.
Los acantilados de tiza que dan fama a esta costa son tanto un atractivo como un motivo de precaución. La erosión costera es un fenómeno inherente a este tipo de paisaje. Las autoridades locales y los servicios de emergencia advierten con frecuencia de que no conviene caminar ni tomar el sol demasiado cerca de la base de los acantilados, ya que ocasionalmente se desprenden fragmentos de roca. Los carteles en la playa señalan con claridad las zonas más sensibles.
Para quien quiera combinar la visita con otras actividades, las opciones son abundantes: jornadas de playa, rutas de senderismo, observación de aves en la Bahía del Somme, una escapada cultural a Eu con su castillo o una tarde en Le Tréport con el teleférico hasta la meseta de los acantilados. Para familias, parejas y grupos de amigos que buscan una mezcla de mar, naturaleza e historia, Mers-les-Bains encaja de forma sorprendentemente natural en los planes para el verano de 2026.













