¿Comer más y adelgazar igualmente? Esto provoca dejar los alimentos ultraprocesados

Comer más y consumir menos calorías: lo que revela la investigación

La mayoría de las dietas giran en torno a reducir las porciones y aguantar el hambre. Sin embargo, una nueva investigación señala que el tipo de alimento que ponemos en el plato importa mucho más que la cantidad. Eliminar los productos ultraprocesados y optar por alimentos sin procesar permite comer más, sentirse más saciado y, aun así, ingerir menos calorías.

Investigadores de la Universidad de Bristol analizaron los datos de un experimento previo realizado en el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos. En ese estudio, veinte adultos siguieron durante un mes dos patrones alimentarios completamente opuestos. Durante un período consumieron exclusivamente alimentos sin procesar y, durante el otro, únicamente productos ultraprocesados. En ambas fases podían comer todo lo que quisieran.

Los resultados sorprendieron incluso a los propios científicos:

  • Los participantes comieron un 57% más de alimento en peso cuando seguían la dieta sin procesar
  • A pesar de ello, ingirieron de media 330 kilocalorías menos al día
  • De forma espontánea, recurrían con más frecuencia a frutas y verduras, a veces en cantidades de varios cientos de gramos por comida
  • Los alimentos más calóricos, como pasta, platos de carne o nata, aparecían menos en el plato

Quien come principalmente alimentos sin procesar puede llenar más el plato y aun así absorber menos energía. El cuerpo parece regularse mejor de forma natural.

Esa combinación —mayor volumen, menor aporte energético— es exactamente lo que se busca cuando se quiere perder peso sin pasar hambre constantemente.

¿Qué son exactamente los alimentos ultraprocesados?

No todo lo que viene en un envase pertenece a la misma categoría. Los científicos definen los alimentos ultraprocesados como productos compuestos que han sido sometidos a una intensa manipulación industrial. Entre los ejemplos más habituales se encuentran:

  • Patatas fritas, aperitivos y pizzas congeladas
  • Cereales de desayuno con aromatizantes y azúcares añadidos
  • Galletas, bolsas de snacks, barritas y chuches
  • Bebidas lácteas azucaradas y refrescos, con o sin azúcar
  • Platos preparados y salsas de sobre o brick

Lo característico de estos productos es que suelen combinar grandes cantidades de grasa, azúcar y sal, muy poca fibra y una larga lista de aditivos. Aunque en algunos casos se les añaden vitaminas o minerales, lo que complica una valoración sencilla de su perfil nutricional.

La idea de una «brújula nutricional» interna

Los investigadores proponen una explicación llamativa para sus hallazgos. Según ellos, el cuerpo humano dispone de una especie de radar nutricional interno que nos orienta inconscientemente hacia los alimentos ricos en vitaminas y minerales, siempre que la oferta disponible sea razonablemente natural.

En un entorno con alimentos predominantemente sin procesar, esa brújula parece funcionar bastante bien. Las personas tienden a elegir más verduras, frutas, legumbres y cereales integrales. Estos alimentos llenan el estómago y aportan muchos nutrientes, pero relativamente pocas calorías por bocado.

Los participantes que solo podían elegir alimentos sin procesar no contaban ni pesaban nada. Sin embargo, acababan confeccionando comidas de forma natural con menos energía y más valor nutricional.

Según los investigadores, este sistema innato desempeña un papel mucho mayor del que se había asumido. No se trata únicamente de fuerza de voluntad o disciplina, sino también de cómo el organismo recibe e interpreta las señales sobre lo que hay en el plato.

Cómo los ultraprocesados confunden ese sistema

Los productos ultraprocesados alteran seriamente esa brújula interna. Tienden a ser:

  • Muy densos en energía por bocado (muchas calorías en pequeñas porciones)
  • Enriquecidos con vitaminas para parecer más saludables
  • Blandos y fáciles de masticar, lo que lleva a comer más rápido
  • Muy potenciados en sabor, lo que invita a seguir comiendo sin freno

Esto genera señales contradictorias. El cuerpo detecta que está recibiendo suficientes micronutrientes, pero no percibe bien la cantidad de energía que realmente está absorbiendo. El resultado es que se come sin darse cuenta, mucho más allá del punto en que ya se han ingerido suficientes calorías.

Este efecto quedó claramente visible en el experimento. Los participantes que consumían alimentos ultraprocesados comían más rápido y tomaban una media de 500 kilocalorías más al día durante esa fase, sin que por ello se sintieran más saciados que en el período de alimentación sin procesar.

De contar calorías a elegir calidad

Durante años, el enfoque para adelgazar se centró en la disciplina personal: servirse menos, eliminar los snacks, registrar cada bocado en una aplicación. Los estudios de Bristol y del Instituto Nacional de Salud desplazan ese paradigma. Demuestran que la calidad de lo que se come puede pesar más que el número exacto de kilocalorías.

Quien come principalmente alimentos sin procesar necesita calcular menos. El propio cuerpo parece asumir gran parte del trabajo de forma automática.

Esto no significa que las calorías sean irrelevantes, pero sí que resulta mucho más fácil controlarlas cuando se elige prioritariamente:

  • Verduras y frutas de todos los colores
  • Pan integral, arroz integral, avena y otros cereales de grano entero
  • Legumbres como lentejas, garbanzos y alubias
  • Frutos secos y semillas sin tostar ni salar
  • Carnes y pescados sin procesar, huevos y lácteos naturales

Por qué esto importa para las políticas públicas y las decisiones en el supermercado

Los investigadores advierten que no todo el mundo puede pasarse sin más a un carro lleno de productos sin procesar. El precio, la disponibilidad y el tiempo para cocinar son factores determinantes. En muchos barrios, los productos muy procesados y baratos siguen dominando las estanterías y las ofertas.

Para las políticas de salud pública, el estudio ofrece una pista clara: si se quiere ayudar a la población a controlar su peso, resulta más eficaz hacer que la alimentación sin procesar sea económica y prácticamente accesible, que insistir únicamente en el mensaje de «come menos».

Enfocarse en comer menos Enfocarse en alimentos sin procesar
Gran dependencia de la fuerza de voluntad Aprovecha la saciedad natural del organismo
Hambre frecuente y frustración Platos llenos, más masticación, saciedad más duradera
Riesgo elevado de efecto rebote Mayor posibilidad de mantener hábitos sostenibles

Pasos prácticos para reducir los ultraprocesados en casa

Empieza con cambios pequeños y alcanzables

Cambiar completamente de estilo de vida de un día para otro raramente funciona. Algunos ajustes sencillos ya marcan una diferencia notable:

  • Sustituye los cereales azucarados del desayuno por copos de avena o muesli integral
  • Prepara una o dos noches a la semana una sopa de lentejas o un curry de verduras sencillo
  • Toma una fruta o un puñado de frutos secos en lugar de galletas con el café
  • Elige yogur natural y añádele tú mismo la fruta, en vez de bebidas lácteas azucaradas
  • Sustituye un plato preparado a la semana por una receta casera de cinco ingredientes

Presta atención a la saciedad, no solo a los números

Quien incorpora más alimentos sin procesar a su dieta suele notar que las comidas son más saciantes gracias a la fibra, las proteínas y el mayor volumen. Tómate tu tiempo para masticar y deja los cubiertos de vez en cuando. Dale a tu cuerpo la oportunidad de enviar las señales de que ya ha tenido suficiente.

Un recurso práctico muy útil: llena al menos la mitad del plato con verduras, un cuarto con fuentes proteicas (legumbres, pescado o pollo, por ejemplo) y el cuarto restante con cereales integrales. Esta distribución simple encaja bien con lo que los investigadores observaron en la dieta sin procesar.

Qué significa el «grado de procesamiento» y en qué fijarse en el supermercado

En la investigación nutricional aparece con frecuencia el término «sin procesar» o «mínimamente procesado». Eso no significa que todo deba venir directamente del campo. Las verduras congeladas, los tomates en conserva o las lentejas precocidas entran en la misma categoría favorable, siempre que la etiqueta no muestre una larga lista de aditivos.

Una regla práctica para el supermercado:

  • Cuanto más corta sea la lista de ingredientes, más cerca está el producto de ser natural
  • Si entiendes prácticamente todos los ingredientes, normalmente es buena señal
  • Si el azúcar, el jarabe de glucosa-fructosa o varios tipos de aceite aparecen entre los primeros ingredientes, probablemente se trate de un ultraprocesado

Optar con más frecuencia por productos con uno o pocos ingredientes reconocibles conecta mejor con esa brújula nutricional natural de la que hablan los investigadores. A largo plazo, esto puede ayudar a comer más, disfrutar más y mantener un peso más estable sin necesidad de contar cada caloría.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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