Una inyección subcutánea con resultados sorprendentemente rápidos
Una inyección subcutánea relativamente sencilla está demostrando actuar con llamativa rapidez en cánceres de cabeza y cuello con metástasis, y podría transformar por completo el enfoque terapéutico de esta enfermedad.
En un importante congreso oncológico europeo celebrado en Berlín, investigadores británicos presentaron datos sobre un nuevo fármaco llamado amivantamab. Se trata de pacientes en quienes los tratamientos previos ya habían fracasado, pero en una amplia mayoría el tumor se estabilizó o redujo en cuestión de pocas semanas.
El cáncer de cabeza y cuello avanza, especialmente en hombres jóvenes
Los cánceres de cabeza y cuello —que los médicos denominan también tumores ORL— incluyen los de boca, garganta, laringe, cavidad nasal y senos paranasales. En países como el Reino Unido se diagnostican decenas de miles de casos nuevos cada año, y las cifras siguen aumentando.
Si antes este tipo de cáncer afectaba principalmente a fumadores empedernidos y bebedores habituales de edad avanzada, hoy los especialistas observan un patrón diferente. Cada vez aparece con más frecuencia en hombres relativamente jóvenes, a veces menores de sesenta años, que nunca han fumado. El principal responsable es el virus del papiloma humano (VPH), el mismo que está implicado en el cáncer de cuello uterino.
Esto genera un grupo de pacientes nuevo y complejo. La enfermedad evoluciona de manera distinta, a veces responde de forma diferente al tratamiento y con frecuencia reaparece tras una primera terapia aparentemente exitosa.
Cuando los tratamientos estándar fallan, las opciones se agotan
El abordaje clásico del cáncer de cabeza y cuello combina varias estrategias:
- Cirugía para extirpar el tumor
- Radioterapia para eliminar las células cancerosas residuales
- Quimioterapia con platino en casos de metástasis o alto riesgo
En los últimos años se han incorporado también las inmunoterapias, como los inhibidores de puntos de control inmunitario —entre ellos nivolumab y pembrolizumab—. Estos fármacos liberan, por así decirlo, el freno que impide al sistema inmunitario reconocer y atacar el tumor.
Aun así, todo esto solo funciona en una parte de los pacientes. Cuando tanto la quimioterapia como la inmunoterapia resultan insuficientes y el tumor regresa o se disemina, las opciones farmacológicas disponibles son alarmantemente escasas. El cetuximab, un agente dirigido disponible desde hace tiempo, ofrece generalmente un beneficio limitado y no es eficaz en todos los casos.
Para muchas personas con cáncer de cabeza y cuello metastásico, las posibilidades tras el fracaso de los tratamientos estándar están prácticamente agotadas.
Amivantamab: una sola inyección, tres frentes de ataque simultáneos
Amivantamab es lo que se conoce como un anticuerpo monoclonal biespecífico. Aunque suene técnico, en esencia se trata de una proteína fabricada en laboratorio que se une de forma muy precisa a determinadas estructuras presentes en las células cancerosas. El fármaco ya está aprobado para ciertos tipos de cáncer de pulmón no microcítico y ahora da el salto hacia el cáncer de cabeza y cuello.
Lo que lo hace especialmente interesante es que actúa simultáneamente por tres vías distintas.
1. Bloqueo de las señales de crecimiento a través de EGFR
Muchos cánceres de cabeza y cuello explotan el receptor de crecimiento EGFR (receptor del factor de crecimiento epidérmico). Este receptor recibe de manera continua la orden de dividirse, lo que alimenta el crecimiento del tumor. Amivantamab bloquea EGFR, apagando así uno de los principales motores de la célula cancerosa.
2. Cierre de la vía de escape MET
Las células tumorales son ingeniosas y buscan rutas alternativas cuando se bloquea una vía de crecimiento. Una de las más conocidas es la señalización a través de MET. Por esta ruta el tumor puede seguir proliferando incluso cuando EGFR está inhibido. Amivantamab neutraliza también esta señal MET, cortando así la salida de emergencia.
3. Activación del sistema inmunitario
Además de estos dos ataques dirigidos, amivantamab moviliza las defensas propias del organismo. El fármaco marca las células cancerosas para que, entre otras, las células asesinas naturales (células NK) las reconozcan con mayor facilidad y las ataquen directamente.
Al bloquear señales de crecimiento y activar el sistema inmunitario al mismo tiempo, se genera un ataque coordinado y multidireccional contra el tumor.
Una simple inyección en lugar de horas conectado al gotero
La mayoría de los medicamentos oncológicos se administran en infusión intravenosa, a veces durante horas seguidas y con visitas hospitalarias repetidas. Amivantamab, en cambio, se administra como inyección subcutánea. Un pinchazo que en principio se completa en cuestión de minutos.
Esto conlleva ventajas claras:
- Menos tiempo en el hospital o en el centro de día oncológico
- Menor presión sobre las salas de infusión y el personal sanitario
- Posibilidad potencial de administración en atención primaria o incluso en el domicilio, según los protocolos de cada país
- Para los pacientes, una carga habitualmente menor y mayor compatibilidad con la vida cotidiana
Para quienes llevan años acumulando citas de escáneres, tratamientos y revisiones, un cambio práctico de este tipo puede marcar una gran diferencia en cómo se vive el día a día con la enfermedad.
Resultados del estudio Orig-AMI 4
Los datos presentados en Berlín proceden del estudio Orig-AMI 4, llevado a cabo por el Institute of Cancer Research de Londres y el Royal Marsden NHS Foundation Trust. En total participaron 86 pacientes con carcinoma epidermoide recurrente o metastásico de cabeza y cuello.
| Característica | Resultado |
|---|---|
| Número de participantes | 86 pacientes |
| Tratamientos previos | Quimioterapia con platino e inmunoterapia sin efecto duradero |
| Respuesta o estabilización | El 76% vio cómo el tumor se reducía o dejaba de crecer |
| Tiempo hasta el primer efecto | Una media de aproximadamente 6 semanas |
| Tiempo medio sin progresión | 6,8 meses |
| Pacientes aún en tratamiento (julio 2025) | 62% (53 de los 86 pacientes) |
Para un grupo en el que las terapias previas prácticamente no ofrecían ya ningún beneficio, estas cifras se consideran notablemente favorables. Entre los especialistas se habla abiertamente de una "brecha terapéutica" que este fármaco podría cubrir.
Más de tres cuartas partes de los participantes lograron frenar la enfermedad, pese a haber agotado todas las líneas de tratamiento anteriores.
Efectos secundarios: principalmente problemas cutáneos, generalmente manejables
Al igual que otros inhibidores de EGFR, amivantamab produce efectos secundarios cutáneos bien definidos: erupciones, irritación y picazón. En el estudio, estas molestias se mantuvieron en la mayoría de los casos en un nivel leve o moderado y pudieron controlarse con los cuidados de soporte habituales.
Comparado con la quimioterapia intensiva —que puede provocar náuseas, caída del cabello, anemia e infecciones—, muchos pacientes perciben esta toxicidad como menos severa. El uso prolongado resulta así viable, algo imprescindible en una enfermedad crónica como el cáncer metastásico.
El lado humano: volver a hablar y a comer con normalidad
Entre los testimonios recogidos en torno al estudio destaca el de Carl Walsh, de 59 años. En 2024 recibió el diagnóstico de cáncer de lengua y se quedó sin opciones tras los tratamientos previos: el tumor había regresado y las posibilidades se habían agotado. A través del centro londinense se incorporó al tratamiento con amivantamab.
Después de siete ciclos, notó que tragar se volvía más fácil, que hablar le costaba menos esfuerzo y que comer había recuperado su normalidad. Reportó fundamentalmente molestias cutáneas, pero no náuseas intensas ni el agotamiento que había experimentado con la quimioterapia anterior. Su experiencia ilustra perfectamente cuán grande puede ser el impacto en las cosas cotidianas: conversar, comer, sentarse a la mesa con la familia sin dolor constante.
¿Qué significan estos resultados para España?
En España, los oncólogos especializados en tumores de cabeza y cuello observan un desplazamiento similar hacia los cánceres relacionados con el VPH. Es previsible que los grandes centros oncológicos nacionales sigan con atención estos datos británicos. Amivantamab ya es conocido en el ámbito de la oncología torácica, lo que puede acelerar el camino hacia estudios específicos en cáncer de cabeza y cuello.
Sin embargo, amivantamab no estará mañana disponible como tratamiento estándar en todos los hospitales. Para ello será necesario un ensayo de fase III de mayor envergadura, con cientos de pacientes, en el que el fármaco se compare con la mejor atención disponible en la actualidad. Solo cuando ese estudio demuestre también un beneficio claro en supervivencia y calidad de vida, organismos como la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios y las instituciones europeas valorarán su aprobación y posible financiación.
El futuro: combinaciones y una aplicación más amplia
Los investigadores ya miran más allá del cáncer de cabeza y cuello. Dado que amivantamab actúa sobre EGFR y MET, dos vías activas también en otros tipos tumorales, ya se están desarrollando estudios en determinadas formas de cáncer colorrectal, cáncer de pulmón y posiblemente cáncer de esófago.
Una pregunta de gran interés es si amivantamab podría combinarse con inmunoterapias o quimioterapias ya existentes. En teoría, dicha combinación podría generar efectos más potentes y duraderos, aunque habitualmente aumenta también el riesgo de efectos secundarios. Por eso los oncólogos comenzarán probando en grupos reducidos qué dosis resultan seguras.
Lo que los pacientes pueden hablar hoy con su médico
Los pacientes con cáncer de cabeza y cuello recurrente o metastásico pueden preguntar a su oncólogo si existen ensayos clínicos en curso o previstos con amivantamab u otros fármacos similares. Los centros universitarios y los grandes hospitales oncológicos suelen contar con unidades de investigación que conocen exactamente qué ensayos están abiertos y si un paciente cumple los criterios de inclusión.
Para quienes todavía no puedan participar en ningún estudio, el estilo de vida sigue siendo un factor que influye en el estado general. Dejar de fumar, moderar el consumo de alcohol, cuidar la alimentación y mantenerse físicamente activo en la medida de lo posible ayuda a sobrellevar mejor los tratamientos intensivos. No cura el cáncer, pero puede ampliar el margen para acceder a nuevas líneas terapéuticas cuando estas se encuentren disponibles.
Por último, los programas de vacunación contra el VPH desempeñan un papel silencioso pero fundamental. Al prevenir nuevas infecciones por los tipos de alto riesgo del virus, se espera que a largo plazo disminuya el número de cánceres de cabeza y cuello relacionados con el VPH. Mientras los investigadores trabajan en mejores tratamientos como amivantamab, prevenir nuevos casos es, como mínimo, igual de valioso para las generaciones futuras de pacientes.













