La Tierra gira mediblemente más despacio por la crisis climática: impacto en el GPS y el tiempo

Un cambio que no se siente, pero sí se mide

No lo notarás durante tu jornada laboral ni mientras vas en bicicleta. Sin embargo, los científicos están registrando una transformación que resulta única a escala geológica. El calentamiento del clima está redistribuyendo cantidades colosales de agua, alterando la forma del planeta y provocando que incluso nuestra medición del tiempo se desajuste poco a poco.

El deshielo de los casquetes polares desequilibra la Tierra

El núcleo de esta historia no está en el espacio, sino en el hielo. Los casquetes glaciares de Groenlandia y la Antártida pierden cantidades ingentes de masa cada año. Ese agua de deshielo llega a los océanos y se desplaza desde los polos hacia latitudes más bajas.

Ese traslado modifica la distribución del peso sobre la Tierra. Una mayor cantidad de masa queda más alejada del eje de rotación, acumulándose en torno al ecuador. El planeta se ensancha literalmente en esa zona, como si alguien inflara un cinturón adicional alrededor de su cintura.

La física detrás de este fenómeno es la misma que la de una patinadora artística sobre hielo:

  • con los brazos pegados al cuerpo, gira a gran velocidad
  • al extender los brazos, su velocidad de rotación disminuye

La Tierra funciona esencialmente del mismo modo. Al alejarse la masa del eje de rotación, el llamado momento de inercia aumenta. Como el equilibrio energético se mantiene constante, la rotación se vuelve más lenta.

La actividad humana está acelerando un proceso natural hasta tal punto que la rotación terrestre se frena ahora más rápido que durante los períodos más cálidos de los últimos millones de años.

Una anomalía inédita en 3,6 millones de años de historia terrestre

Investigadores de la Universidad de Viena y la ETH de Zúrich han analizado en profundidad el historial de rotación de la Tierra, remontándose muy atrás en el tiempo. Reconstruyeron unos 3,6 millones de años de datos climáticos y de rotación, desde el Plioceno tardío hasta la actualidad.

Para lograrlo no recurrieron a relojes antiguos, sino a microorganismos fosilizados extraídos de sedimentos del fondo marino: los denominados foraminíferos bentónicos. Sus diminutos esqueletos calcáreos registran variaciones sutiles en la órbita y la inclinación de la Tierra. Al interpretar esos patrones y relacionarlos con modelos astronómicos, es posible determinar cuánto duraba un día en cada época.

De ese análisis emerge una tendencia clara. Los investigadores calcularon que la duración del día aumenta actualmente en torno a 1,33 milisegundos por siglo. Puede parecer despreciable, pero para los geofísicos representa un valor extraordinariamente elevado.

Según el estudio, los días se están alargando aproximadamente el doble de rápido que durante los períodos naturales de deshielo intenso del pasado. Ninguna fase cálida de los últimos 3,6 millones de años había mostrado un efecto tan marcado sobre la rotación.

Y el proceso se acelera. Si las emisiones de gases de efecto invernadero se mantienen en los niveles actuales, ese frenado podría casi duplicarse de nuevo a finales de este siglo. En ese escenario, el clima se convertiría en el factor dominante que ralentiza la rotación terrestre, superando incluso el efecto de freno que ejerce la atracción gravitacional de la Luna.

¿Qué significa un milisegundo en la vida cotidiana?

Un milisegundo adicional por siglo no se percibe en el despertador, desde luego. Sin embargo, una gran parte de nuestra tecnología depende de mediciones de tiempo extraordinariamente precisas. Una diferencia mínima en la rotación terrestre puede generar problemas de forma gradual en esos sistemas.

GPS: navegar con un reloj que oscila

El sistema GPS mundial se apoya en relojes atómicos instalados en satélites. Estos relojes funcionan con una precisión casi perfecta y están sincronizados con la rotación de la Tierra. Cuando el planeta gira más despacio, los dos tipos de tiempo —el tiempo atómico y el tiempo terrestre— empiezan a divergir.

Un error de apenas unos pocos miles de millonésimas de segundo puede traducirse en desviaciones de varios metros en la posición calculada. Para un excursionista eso apenas importa, pero para:

  • aviones que aterrizan de forma automática
  • barcos que maniobran en canales estrechos
  • vehículos autónomos
  • topógrafos y proyectos de construcción con precisión milimétrica

esa desviación puede volverse problemática con el tiempo. Por eso, las agencias espaciales y los servicios de navegación aplican correcciones de manera continua, correcciones que cada vez deben tener más en cuenta el efecto del clima sobre la rotación.

Satélites y misiones espaciales: ajuste de órbitas

La rotación exacta de la Tierra también influye en los satélites que orbitan a su alrededor. Sus trayectorias y velocidades se calculan en función de la distribución de masa y la gravedad del planeta.

Cuando la masa migra desde los polos hacia el ecuador, ese campo gravitacional cambia de forma sutil. Las trayectorias calculadas con décadas de antelación se vuelven entonces menos precisas. Las agencias espaciales se ven obligadas a realizar ajustes con mayor frecuencia y a actualizar sus modelos conforme llegan nuevas mediciones.

Diferencias de apenas nanómetros en el campo gravitacional terrestre ya son medibles hoy en día y se tienen en cuenta en la planificación de órbitas satelitales.

La hora mundial y los segundos intercalares en entredicho

La hora oficial mundial, el UTC, se establece a partir de relojes atómicos tan estables que apenas se desvían en millones de años. La rotación de la Tierra, en cambio, fluctúa continuamente debido a las mareas, los terremotos y, ahora, el deshielo acelerado del hielo polar.

Para mantener dentro de unos límites aceptables la diferencia entre el tiempo atómico y la rotación real del planeta, los institutos de metrología del tiempo añaden periódicamente un segundo intercalar. Desde 1972, esto ha ocurrido decenas de veces. La ralentización irregular provocada por el clima hace que planificar esas correcciones sea cada vez más complicado. A largo plazo, países e instituciones están debatiendo incluso si deberían abandonar los segundos intercalares, ya que los sistemas digitales los toleran muy mal.

Consecuencias más profundas para la Tierra y el clima

La ralentización que se acelera no afecta únicamente a nuestra tecnología, sino que también plantea preguntas fundamentales sobre el sistema terrestre en su conjunto. Cuando la masa se redistribuye a gran escala, cambia mucho más que la velocidad de rotación.

Ámbito Posible influencia del desplazamiento de masa
Campo magnético Los cambios en la circulación interna del núcleo terrestre podrían modificar el campo magnético a largo plazo.
Corrientes oceánicas La redistribución de la gravedad y del agua puede influir en las corrientes profundas y en los patrones del nivel del mar.
Eje de rotación La orientación del eje terrestre puede desplazarse levemente, con consecuencias sobre los patrones climáticos regionales.

Los investigadores están estudiando ahora si el rápido desplazamiento de masas de agua está relacionado con los cambios detectados en el eje de rotación. Esa "oscilación" de la Tierra respecto a las estrellas también parece haber variado en las últimas décadas.

Por qué este tema va mucho más allá de una curiosidad física

La mayoría de la gente asocia el cambio climático con olas de calor, glaciares en retroceso y la subida del nivel del mar. Constatar que la actividad humana influye ahora de forma medible en la rotación del planeta entero ofrece una nueva perspectiva sobre la magnitud de lo que está ocurriendo. Revela la profundidad real de las transformaciones en curso.

Para los responsables políticos y los ingenieros, esto no es algo abstracto y lejano. Las nuevas generaciones de infraestructura —navegación autónoma, navegación cuántica o las megaconstelaciones de satélites de comunicaciones— se construyen sobre supuestos relacionados con el tiempo y el espacio que necesitan refinarse cada vez más.

Para quienes se preguntan si un milisegundo realmente importa, una comparación resulta esclarecedora. Los mercados financieros modernos mueven miles de millones en fracciones de milisegundo. Los radioastrónomos combinan señales de telescopios situados en distintos continentes con precisiones de hasta picosegundos. En esos entornos, cada fracción de tiempo cuenta.

En definitiva, esta investigación arroja luz sobre conceptos que aparecen con frecuencia en este ámbito. El momento de inercia describe la resistencia de un objeto a cambiar su velocidad de rotación según cómo esté distribuida su masa. El tiempo atómico es la escala temporal ultraestable basada en las vibraciones de los átomos, mientras que la hora mundial intenta seguir la pista a la rotación terrestre. El cambio climático actual obliga a recalibrar todas estas magnitudes entre sí, convirtiendo al propio planeta en una especie de reloj gigantesco que, imperceptiblemente, va perdiendo el paso.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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