Científicos abren latas de salmón de 1979 y descubren una sorprendente huella oceánica

De stock caducado a archivo científico

En Estados Unidos, una caja de conservas de salmón caducadas, originalmente destinadas a simples controles de calidad, ha tenido una segunda vida de lo más inesperada. Los investigadores vieron en el pegajoso contenido de aquellas viejas latas una mina de oro de datos sobre parásitos, cadenas alimentarias y la salud de los océanos, que se remontaba a finales de los años setenta.

Cuando la basura de una empresa se convierte en tesoro científico

Todo comenzó cuando la Seattle Seafood Products Association decidió deshacerse de su antiguo stock de pruebas. Cajas llenas de salmón en conserva, algunas con más de cuarenta años de antigüedad, no terminaron en el vertedero sino en manos de un equipo investigador de la Universidad de Washington.

Aquellas latas habían sido producidas originalmente para controles de calidad en la industria pesquera. Cada una representaba una captura específica, con fecha, ubicación y especie registradas con precisión. Donde otros solo veían mercancía caducada, el equipo investigador vislumbró una oportunidad única: una serie de muestras que abarcaba conjuntamente más de cuatro décadas de historia oceánica.

Los resultados se publicaron en la revista Ecology and Evolution y demuestran cómo algo tan cotidiano como las latas de conserva puede convertirse en una base de datos científica de primer orden.

¿Qué contenían exactamente esas 178 latas de salmón?

Los investigadores examinaron un total de 178 latas. Se trataba de cuatro especies comerciales de salmón:

  • Salmón chum
  • Salmón coho
  • Salmón rosado (gorbuscha)
  • Salmón sockeye (salmón rojo)

El pescado había sido capturado entre 1979 y 2021 en el Golfo de Alaska y la Bahía de Bristol, entre otros lugares, dos zonas pesqueras de enorme importancia en el norte del Pacífico. Cada lata funcionaba como una fotografía del ecosistema en ese momento concreto: qué especie, dónde se capturó, en qué año y bajo qué condiciones.

La conservación no facilitó precisamente el trabajo. El proceso de cocción, la alta presión y el prolongado almacenamiento habían deteriorado muchas estructuras del pescado. Sin embargo, ciertos rastros permanecieron sorprendentemente bien preservados:

En el tejido muscular del salmón, los investigadores encontraron pequeños filamentos blanquecinos: gusanos anisákidos, parásitos marinos de aproximadamente un centímetro de longitud, incrustados en la carne del pescado.

Con lupa y microscopio, los científicos pudieron contar estos gusanos. Calcularon el número de parásitos por gramo de pescado, lo que permitió comparar capturas de distintos años de forma rigurosa.

Por qué los gusanos parásitos revelan la salud del océano

Los gusanos anisákidos siguen una ruta compleja a través de la cadena alimentaria. Su ciclo de vida pasa por una serie de huéspedes sucesivos:

Fase Huésped Papel en el ciclo
1 Pequeños crustáceos como el krill Primer huésped intermediario; absorben las larvas del agua
2 Peces (como el salmón) Huésped intermediario; las larvas se alojan en el tejido muscular
3 Mamíferos marinos (como ballenas y focas) Huésped definitivo; aquí se reproducen los gusanos

Para que este parásito prospere, toda la cadena debe mantenerse intacta: suficiente krill, peces en abundancia y poblaciones saludables de mamíferos marinos. Si un eslabón desaparece, el ciclo se rompe.

Los ecólogos de parásitos consideran la presencia y evolución de estos gusanos como una señal reveladora: donde los anisákidos se mantienen o incluso aumentan con el tiempo, la cadena alimentaria suele funcionar todavía de manera razonablemente equilibrada.

Para los consumidores esto puede sonar extraño. Encontrar un gusano en el salmón parece más bien motivo para perder el apetito. Sin embargo, en pescado procesado, cocinado o congelado, estos parásitos quedan completamente destruidos y no representan ningún riesgo para la salud. Además, la cadena comercial pesquera aplica controles estrictos que eliminan los ejemplares visibles.

Números al alza en algunas especies, estables en otras

Del análisis de 42 años de conservas de salmón emergió un patrón claro. Los investigadores observaron que el número promedio de gusanos anisákidos por gramo de pescado no evolucionó de la misma manera en todas las especies.

A grandes rasgos, el panorama fue el siguiente:

  • Salmón chum: aumento notable en el número de parásitos a lo largo de los años
  • Salmón rosado: incremento similar, con cantidades especialmente mayores en las capturas más recientes
  • Salmón coho: los valores se mantuvieron aproximadamente estables
  • Salmón sockeye: también un nivel bastante constante, sin subidas ni bajadas pronunciadas

La tendencia ascendente en el chum y el rosado sugiere, según el equipo, que los gusanos siguen completando con éxito su ciclo en estas cadenas alimentarias. Eso implica indirectamente que tanto el krill como los mamíferos marinos están presentes en cantidad suficiente en las zonas donde estas especies de salmón se desplazan.

Una población creciente de parásitos suena poco apetecible, pero puede ser precisamente una señal de que el ecosistema no ha colapsado del todo, con suficientes huéspedes en cada nivel de la cadena alimentaria.

Las cifras estables del coho y el sockeye son más difíciles de interpretar. El equipo solo pudo identificar los gusanos a nivel de familia, no de especie. Esto hace posible que distintas especies de parásitos se enmascaren mutuamente en las estadísticas, dado que cada especie de salmón es afectada por tipos diferentes de gusanos.

Lo que esto revela sobre los cambios en el océano

Este estudio toca un debate más amplio en la biología marina: ¿con qué rapidez y profundidad afecta la intervención humana a los océanos? La pesca, el cambio climático, la contaminación y el tráfico marítimo alteran las cadenas alimentarias de múltiples maneras, pero no todos los efectos son fáciles de cuantificar.

Un archivo de largo recorrido como esta serie de latas de salmón llena un vacío importante. La mayoría de los estudios sobre parásitos comenzaron apenas en las últimas décadas, mientras que los sistemas oceánicos suelen responder en escalas de tiempo mucho más largas. Con muestras de los años setenta y ochenta se obtiene un punto de referencia anterior al calentamiento más intenso y a la pesca industrial a gran escala de hoy en día.

Los parásitos añaden, no obstante, una capa adicional de complejidad. Un aumento puede indicar un ecosistema estable, pero en algunas regiones los anisákidos han proliferado de forma explosiva debido a poblaciones excesivamente grandes de mamíferos marinos o a cambios en las corrientes y temperaturas del agua. Los investigadores subrayan por ello que su conjunto de datos sirve principalmente como punto de partida para estudios posteriores, no como veredicto definitivo sobre la salud del norte del Pacífico.

¿Qué significa esto para quienes consumen salmón?

Para los consumidores, este estudio cambia poco en la práctica cotidiana. Los gusanos anisákidos están ampliamente distribuidos en el pescado salvaje de todo el mundo, pero quedan en gran medida neutralizados en la cadena alimentaria gracias a la congelación, el calor y los controles visuales.

Para la industria pesquera, en cambio, este tipo de resultados ofrece información valiosa:

  • Proporcionan una visión de qué zonas de captura presentan de forma sistemática una mayor carga parasitaria
  • Ayudan a los productores a ajustar mejor la intensidad de inspección según la especie y la región
  • Pueden respaldar a aseguradoras y organismos reguladores en la evaluación de riesgos reales

Para los científicos, el estudio demuestra que las propias cadenas comerciales atesoran una riqueza de datos históricos. Antiguos tests de calidad, lotes congelados, archivos de servicios de inspección: todos ellos pueden ofrecer, a posteriori, información sobre tendencias que en su momento nadie había previsto.

Datos antiguos, preguntas nuevas

Las latas de salmón demuestran, sobre todo, el enorme valor que puede tener no deshacerse demasiado pronto de materiales y datos. Donde en los años ochenta nadie pensaba en los parásitos como indicador del ecosistema, ese mismo material resulta ahora crucial para reconstruir cambios en la cadena alimentaria.

Este enfoque abre nuevas líneas de investigación. Los científicos se preguntan si existen archivos comparables para otras especies como el arenque, el bacalao o la caballa. También se estudia si otros organismos dentro de las cadenas alimentarias pueden rastrearse de manera similar en muestras antiguas, desde el plancton hasta los microplásticos.

Para el público en general, esta historia ilustra lo imprevisible que puede ser la ciencia en ocasiones. No todos los avances proceden de laboratorios de última generación ni de costosas expediciones oceánicas. A veces todo empieza con una pila de cajas polvorientas en un almacén, un investigador curioso y una pregunta aparentemente simple: ¿y si le echamos otro vistazo a esto?

Quienes deseen brindar a las generaciones futuras la misma oportunidad pueden plantearse archivar mejor las muestras, registrar metadatos detallados con cada captura y conservar el material de prueba durante largos períodos. Precisamente en un clima que cambia aceleradamente, estos archivos silenciosos representan una oportunidad extraordinaria para seguir con precisión la evolución de los ecosistemas a lo largo de décadas.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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