Un meteoro roza Canadá a 119.000 km/h e ilumina la noche por un instante

Un destello de luz cegador sacudió el cielo nocturno sobre Vancouver

Los vecinos de Vancouver y sus alrededores vivieron a principios de marzo algo difícil de olvidar: una potente llamarada cruzó el cielo nocturno seguida de un estruendo que sonó como una explosión lejana. Los científicos analizaron los datos recogidos y llegaron a una conclusión extraordinaria: un meteoro que atravesó la atmósfera a unos 119.000 kilómetros por hora.

La noche se convirtió en día durante una fracción de segundo

Todo ocurrió el 4 de marzo de 2026, alrededor de las 21:10 horas, hora local. Quienes estaban en la calle o simplemente frente al televisor vieron de repente una intensa luz blanquecina con tonos verdosos cruzar el firmamento a velocidad vertiginosa. Muchos se enteraron gracias a las cámaras de sus timbres inteligentes o a las dashcams de sus vehículos.

En cuestión de minutos, los avisos se multiplicaron desde distintos puntos del suroeste de Canadá. La misma luz fue reportada desde la Isla de Vancouver y desde zonas más interiores del territorio. Al otro lado de la frontera, en el estado de Washington, varios residentes escucharon una fuerte detonación que retumbó en el aire.

Las redes sociales se llenaron rápidamente de vídeos cortos en los que se aprecia cómo el entorno queda bañado en una claridad casi diurna durante un instante y vuelve a la oscuridad de forma abrupta. La luz desapareció tan repentinamente como había llegado.

La combinación de un fogonazo intenso y una onda expansiva audible apunta a un fenómeno poco habitual pero completamente natural dentro de la atmósfera terrestre.

Hasta los sismómetros notaron el paso del meteoro

El fenómeno no dejó huella solo en los testigos presenciales. Los instrumentos científicos de la región también registraron algo inusual. Varios sismómetros, diseñados habitualmente para detectar pequeños terremotos y vibraciones del suelo, captaron una sacudida breve pero inequívoca.

Un sismólogo del instituto geológico nacional de Canadá explicó que los aparatos mostraron una señal atípica que no encajaba con el patrón de un seísmo convencional. La lectura correspondía a una onda de presión generada por una explosión en altura que se propagó parcialmente a través del subsuelo, apareciendo como una vibración pasajera en los registros.

La suma de evidencias resultó concluyente:

  • Testimonios de testigos que describieron una bola de luz en movimiento,
  • imágenes en vídeo que muestran el destello con claridad,
  • y una onda de presión repentina registrada en los datos sísmicos.

Todo ello llevó a los investigadores a señalar al meteoro como la explicación más sólida y coherente.

¿Qué hace tan espectacular a este meteoro?

Los astrónomos denominan bólido a todo meteoro que supera en brillo a la mayoría de las estrellas visibles a simple vista. En este caso, la intensidad luminosa fue tan elevada que algunos testigos pensaron en fuegos artificiales o incluso en una explosión aérea. Sin embargo, estos objetos suelen ser fragmentos de roca espacial de tamaño relativamente modesto.

Muchos de ellos no son más grandes que un guisante. Cuando penetran en la atmósfera a velocidades enormes, el aire circundante se calienta de forma extrema y emite una luz brillante, lo que genera esa característica estela luminosa o bola parpadeante que vemos desde tierra.

Cuando el fragmento es algo mayor, el espectáculo se vuelve aún más impresionante. Un objeto del tamaño de una pelota de softball puede producir un resplandor comparable al de la luna llena. El meteoro que sobrevoló la Columbia Británica pertenecía precisamente a esa categoría llamativa.

El estallido que se escuchó después se produce porque el meteoro viaja más rápido que el sonido, generando una potente onda de choque a su paso.

Esa onda de choque es similar a la que producen los aviones militares al romper la barrera del sonido. La diferencia es que en el caso de los meteoros el fenómeno ocurre a alturas mucho mayores y a velocidades incomparablemente superiores a las de cualquier aeronave.

Reconstrucción: desde la entrada hasta la desintegración

Los datos de satélites y las redes de observación proporcionaron a los investigadores los elementos necesarios para reconstruir la trayectoria del meteoro. Según un análisis basado en información de la NASA, entre otras fuentes, el objeto se hizo visible a unos 98 kilómetros de altitud, en las proximidades de Coquitlam, al este de Vancouver.

Los modelos de cálculo indican que el meteoro recorrió aproximadamente 33 kilómetros por segundo, lo que equivale a casi 119.000 kilómetros por hora, más de 90 veces la velocidad de un avión comercial. Desde el primer destello hasta su desaparición definitiva, todo el tránsito duró apenas unos segundos.

El fragmento espacial recorrió unos 71 kilómetros dentro de la atmósfera. La fase final detectable tuvo lugar a unos 65 kilómetros de altitud sobre el Parque Provincial Garibaldi, una zona montañosa y natural al norte de Vancouver. Allí el meteoro se fragmentó y se desintegró casi por completo.

¿Llegó algún meteorito al suelo?

Según un astrónomo vinculado al seguimiento del evento, las probabilidades de que algún fragmento fuera lo suficientemente grande como para sobrevivir la caída y convertirse en meteorito son muy reducidas. La fricción y el calor extremo suelen destruir por completo los objetos en las capas altas de la atmósfera.

Fase Altitud estimada ¿Qué ocurrió?
Inicio de visibilidad aprox. 98 km Primer destello sobre las inmediaciones de Coquitlam
Fase más brillante entre 80 y 70 km Bólido intenso, onda de choque audible poco después
Desintegración aprox. 65 km El meteoro se fragmenta sobre el Parque Provincial Garibaldi

En el improbable caso de que algún pequeño fragmento hubiera sobrevivido intacto, lo más probable es que haya caído en zonas de montaña de difícil acceso o en bosques cerrados. Sin un cálculo muy preciso de la trayectoria y una búsqueda organizada a gran escala, encontrar ese tipo de resto es prácticamente imposible.

¿Con qué frecuencia sucede algo así?

La Tierra recibe a diario una cantidad enorme de material procedente del espacio: polvo cósmico, piedrecillas y, de vez en cuando, fragmentos de mayor tamaño. La gran mayoría se consume en silencio en las capas altas de la atmósfera sin que nadie se dé cuenta. Solo cuando un objeto es comparativamente grande o incendia el cielo sobre una zona densamente poblada llama verdaderamente la atención.

Los bólidos como el de la Columbia Británica se registran en distintos puntos del planeta con cierta regularidad, pero pocas veces coinciden con el cielo despejado sobre grandes ciudades. Por eso generan tanto impacto cuando ocurren. En la mayoría de los casos, estos objetos no representan ningún peligro directo: se fragmentan a gran altura y solo dejan como rastro vídeos y relatos de quienes tuvieron la suerte de verlos.

¿Qué puedes hacer si ves un bólido?

Quien tenga la fortuna de presenciar este tipo de espectáculo celeste puede contribuir de manera significativa a la investigación científica. Los astrónomos se valen de los reportes ciudadanos para reconstruir la trayectoria y el origen de los meteoros.

  • Anota con la mayor precisión posible la hora y el lugar exacto donde realizaste la observación.
  • Describe la dirección del movimiento: ¿de dónde hacia dónde se desplazó la luz?
  • Fíjate en el color y la duración del destello.
  • Envía las imágenes de cámaras de seguridad o dashcams a un centro de notificación nacional o a una asociación astronómica.

Cuando muchas personas de una zona amplia comparten esta información, se genera una reconstrucción tridimensional del trayecto. Eso permite a los investigadores determinar desde qué ángulo del sistema solar procedía aproximadamente el objeto.

Escombros espaciales, riesgos y lo que los científicos aprenden

Meteoros como este bólido nos recuerdan que la Tierra está en contacto permanente con los restos dispersos del universo. La mayoría son inofensivos, aunque eventos excepcionales como el de Cheliábinsk, en Rusia, en 2013, demuestran que un impacto de mayor envergadura sí puede causar daños reales.

Documentar con rigor episodios como el canadiense ayuda a los científicos a afinar sus modelos. Gracias a ello, comprenden mejor:

  • con qué frecuencia objetos de tamaño notable penetran en la atmósfera,
  • qué velocidades y trayectorias son más habituales,
  • y cuánta energía se libera durante la desintegración.

Ese conocimiento resulta clave para evaluar riesgos y desarrollar sistemas de alerta ante posibles impactos de objetos verdaderamente grandes. Para la mayoría de las personas, sin embargo, un meteoro como este queda sobre todo como un recuerdo asombroso: unos pocos segundos en los que la noche fue rasgada de forma inesperada por un visitante llegado desde el espacio.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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