La Generación Z obtiene peores resultados en memoria y razonamiento lógico que sus padres

Durante un siglo los niños fueron cada vez más inteligentes… hasta ahora

Por primera vez desde finales del siglo XIX, los jóvenes obtienen puntuaciones más bajas en pruebas cognitivas clave que sus propios padres a la misma edad. La memoria, el razonamiento y la capacidad de atención retroceden de forma demostrable, mientras el uso de pantallas y herramientas digitales alcanza niveles históricos.

Durante casi cien años, los tests estandarizados de inteligencia y habilidades mostraron un patrón sorprendentemente constante: cada generación superaba a la anterior por algunos puntos de media. Este fenómeno se conoce como el efecto Flynn.

Ese avance estaba directamente ligado a las transformaciones del entorno. Los niños recibían una educación más prolongada y de mayor calidad, se alimentaban mejor y crecían en hogares llenos de libros, puzzles y, más adelante, dispositivos complejos. El mundo que los rodeaba les exigía mayor capacidad de abstracción, planificación y resolución de problemas.

Los investigadores registraron esa progresión en ámbitos muy diversos:

  • Memoria de trabajo (retener información brevemente y operar con ella)
  • Razonamiento abstracto (detectar patrones y establecer conexiones)
  • Atención y concentración sostenida
  • Comprensión lectora y habilidad matemática

En los países occidentales esa tendencia ascendió de forma constante durante décadas, sin retrocesos significativos. En los años ochenta el patrón estaba tan bien documentado que muchos psicólogos lo asumían casi como una ley natural: los hijos siempre superarían cognitivamente a sus padres.

La suposición de que cada generación sería más inteligente que la anterior ha dejado de sostenerse aproximadamente desde el año 2010.

Después de 2010 la tendencia se invierte: las puntuaciones caen

Hacia 2010 la gráfica comienza a doblarse. En un número creciente de países desarrollados el ascenso primero se estanca y después da paso a un descenso claro. El neurocientífico estadounidense Jared Cooney Horvath presentó estos datos ante el Congreso de los Estados Unidos.

Según esa información, los jóvenes de la Generación Z —nacidos aproximadamente entre 1997 y 2012— obtienen de media puntuaciones más bajas en distintas capacidades cognitivas que los jóvenes de cohortes anteriores a la misma edad. Los retrocesos más notables se observan en:

  • Menor rendimiento de la memoria de trabajo
  • Habilidades de razonamiento abstracto más débiles
  • Menor capacidad de atención y mayor facilidad para distraerse

Las comparaciones internacionales confirman ese panorama. Los resultados PISA de la OCDE de 2022 muestran un retroceso evidente en jóvenes de quince años en matemáticas, ciencias y comprensión lectora. El fenómeno no se limita a una sola región, sino que afecta tanto a Europa como a Norteamérica.

¿Qué relación tiene el tiempo de pantalla con todo esto?

Horvath señala principalmente el enorme incremento del uso de pantallas. Se estima que los adolescentes de la Generación Z pasan unas ocho horas diarias frente a una pantalla —teléfono, ordenador portátil, tableta, videoconsola o una combinación de ellos—, lo que equivale a aproximadamente la mitad de sus horas de vigilia.

Ese entorno digital ofrece una avalancha de estímulos, pero no entrena automáticamente las habilidades que miden las pruebas cognitivas clásicas. Los vídeos cortos, el scroll interminable y la multitarea dificultan mantener una concentración prolongada en una sola tarea.

Nuestro cerebro se adapta al entorno. Quien se entrena principalmente en hacer clic, deslizar el dedo y reaccionar a notificaciones, ejercita mucho menos la atención sostenida y dirigida.

Horvath es especialmente crítico con la introducción masiva de portátiles y tabletas en las aulas. En Estados Unidos se destinaron decenas de miles de millones de dólares en presupuesto educativo a dispositivos, en detrimento de materiales impresos y métodos didácticos tradicionales. Los datos de investigación sugieren que ese giro tecnológico no se ha traducido automáticamente en mejores resultados de aprendizaje, y en algunos casos va acompañado de un rendimiento inferior.

Escandinavia da un paso atrás respecto a los ordenadores en el aula

Resulta llamativo que los primeros grandes cambios de rumbo lleguen precisamente de países reconocidos como líderes digitales. En 2023, Suecia anunció que retiraría progresivamente las tabletas de la educación primaria. Los niños más pequeños vuelven a trabajar con mayor frecuencia con libros, cuadernos y materiales físicos.

El motivo es sencillo: los resultados de aprendizaje llevaban años cayendo, a pesar de —o según los críticos, precisamente por— la profunda digitalización de la enseñanza. Dinamarca y Noruega también están revisando sus políticas educativas. En esos países la escritura a mano recupera un lugar destacado y los colegios limitan el tiempo que los niños pasan frente a una pantalla durante la clase.

Los expertos en educación escandinavos temen que aprender a través de la pantalla deje menos huella en la memoria. Escribir a mano transforma la información en estructuras de memoria de un modo distinto a simplemente teclear o tocar la pantalla. Esa diferencia parece especialmente pronunciada en los niños más pequeños.

¿Dónde caen exactamente las puntuaciones?

Una investigación de la Universidad Northwestern, en Estados Unidos, detalla con mayor precisión qué capacidades retroceden. Los descensos más pronunciados se registran en:

  • Comprensión verbal: entender textos complejos y captar matices lingüísticos
  • Razonamiento espacial: rotar figuras mentalmente, interpretar mapas y leer esquemas

Existe, no obstante, una excepción llamativa. En pruebas basadas en patrones visuales y símbolos —el denominado razonamiento matricial— los jóvenes rinden ligeramente mejor que generaciones anteriores. Es posible que se beneficien de su trato cotidiano con interfaces visuales, videojuegos e iconos.

La autoconfianza crece mientras el rendimiento cae

Una paradoja incómoda es que la Generación Z se percibe a menudo como cognitivamente muy capaz. Los jóvenes reportan una mayor confianza en sus propias capacidades de pensamiento que sus padres a la misma edad, mientras las pruebas objetivas muestran justo lo contrario.

Los investigadores sospechan que el acceso permanente a buscadores, herramientas de inteligencia artificial y vídeos explicativos juega un papel determinante. Cuando puedes encontrar cualquier respuesta en segundos, da la sensación de saber mucho. Pero eso no equivale a comprender, retener y aplicar la información sin ayuda externa.

El acceso a la información se confunde fácilmente con el conocimiento real. La pantalla sabe mucho; la cuestión es cuánto retiene y comprende por sí misma la persona que la usa.

Lo que los padres y los colegios pueden hacer de forma concreta

La tendencia es preocupante, pero no irreversible. Dado que los factores ambientales tienen un peso enorme, es precisamente ahí donde existe mayor margen de mejora. Algunas medidas aplicables en la práctica:

  • Limitar el tiempo de pantalla: no solo en horas totales al día, sino estableciendo bloques de atención ininterrumpida sin notificaciones.
  • Recuperar los libros y el papel: leer regularmente textos largos en papel entrena la concentración y la comprensión del lenguaje.
  • Fomentar la escritura a mano: tomar apuntes y hacer resúmenes con bolígrafo y papel aumenta las probabilidades de que la información se consolide en la memoria.
  • Uso digital selectivo: emplear la tecnología solo cuando añada valor didáctico real, no como sustituto automático de todo lo demás.
  • Actividades cognitivamente estimulantes: ajedrez, juegos de estrategia sin distracciones, puzzles, tocar un instrumento, participar en debates.

Por qué el entorno pesa más que la genética

El ascenso original de las puntuaciones de inteligencia a lo largo del siglo XX fue impulsado casi en su totalidad por factores ambientales: mejor educación, agua potable más limpia, menos desnutrición, empleos y hogares más complejos. Los cambios genéticos son mucho más lentos y no pueden explicar el rápido giro que se produjo después de 2010.

Esa conclusión hace que el descenso actual resulte al mismo tiempo inquietante y esperanzador. La amenaza reside en el riesgo de que toda una generación arranque sus estudios y su vida laboral con una base más débil. La esperanza surge al comprender que los cambios en política educativa, pedagogía y crianza sí pueden marcar la diferencia en el plazo de una o dos décadas.

Lo que significan las "funciones cognitivas" en el día a día

Conceptos como memoria de trabajo o razonamiento abstracto suenan teóricos, pero afectan a situaciones completamente cotidianas. Una persona con una memoria de trabajo sólida puede retener los pasos intermedios mientras hace cálculo mental, seguir una receta sin consultarla a cada momento u ordenar información en su cabeza mientras mantiene una conversación.

El razonamiento abstracto interviene, por ejemplo, en la comprensión de gráficas, en la evaluación de riesgos dentro de una oferta hipotecaria o en la detección de argumentos manipuladores en un debate político. Quien tiene menos destreza en este ámbito pierde el hilo con mayor facilidad o se deja engañar más fácilmente.

La capacidad de atención también tiene consecuencias directas: terminar los deberes sin distraerse, seguir correctamente una instrucción en el trabajo o participar en una reunión larga. Una generación que tiene dificultades para concentrarse más de unos pocos minutos acabará chocando con límites, tanto en el ámbito educativo como en el laboral.

Un paso práctico para familias y colegios consiste en incorporar deliberadamente momentos sin pantallas en los que toda la atención se centre en una única tarea: leer un capítulo, resolver un problema matemático, practicar un instrumento. Estas rutinas aparentemente sencillas constituyen el entrenamiento diario de precisamente aquellas capacidades que hoy están bajo presión.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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