¿En qué país europeo esperan más tiempo las personas para tener hijos?

Cada vez más europeos retrasan su deseo de ser padres, con grandes diferencias entre países y consecuencias importantes para la salud y la sociedad

Los estudios, la carrera profesional y la incertidumbre en los mercados laboral e inmobiliario hacen que el primer hijo llegue cada vez más tarde en Europa. Los datos más recientes revelan qué países encabezan este retraso y qué implica para la fertilidad, el gasto sanitario y las familias jóvenes.

Los europeos tienen su primer hijo en torno a los treinta años

En la Unión Europea, las mujeres se convierten en madres por primera vez a una edad media de 29,8 años. Hace una década, esa cifra era aproximadamente un año menor. Ya no se trata de un fenómeno marginal, sino de una tendencia consolidada en prácticamente todos los estados miembros.

Según los datos más recientes, la edad en el primer parto varía considerablemente dentro de Europa. Los extremos se sitúan en torno a:

  • 24,7 años en Moldavia
  • 31,8 años en Italia

Italia se posiciona así entre los países donde las mujeres esperan más para ser madres. En el sur y el oeste de Europa, la maternidad se desplaza de media hacia el inicio de la treintena.

El reloj biológico sigue siendo el mismo, pero el momento en que las personas se sienten «preparadas» para tener un hijo se retrasa cada vez más.

¿Dónde se espera más tiempo para tener hijos?

Los datos demográficos europeos revelan un patrón muy claro. Especialmente en los países prósperos del oeste y el norte de Europa, el primer hijo llega cada vez más tarde.

Países donde el primer hijo llega relativamente tarde

En los siguientes países, la edad media en el primer nacimiento es especialmente elevada:

  • Italia
  • Dinamarca
  • Alemania
  • Irlanda
  • Chipre
  • Países Bajos
  • Portugal
  • Suecia
  • Liechtenstein
  • Noruega

En estos países, el primer hijo suele llegar a principios de los treinta. Sin embargo, no son necesariamente los que registran las tasas de natalidad más bajas. Algunos incluso presentan cifras de fecundidad relativamente buenas dentro del contexto europeo.

En una parte de Europa occidental y septentrional, los hijos nacen más tarde, pero las familias terminan teniendo, en promedio, un número de hijos similar al de generaciones anteriores.

Europa central y oriental se mantiene más joven

En Europa central y oriental, las mujeres se convierten en madres a una edad media menor, generalmente a mediados o finales de los veinte. Esto ocurre, por ejemplo, en los países de los Balcanes y en partes de Europa del este, donde los patrones tradicionales en torno a la familia y la maternidad siguen teniendo más peso.

Sin embargo, también allí se observa la misma tendencia: el primer hijo llega algo más tarde año tras año, aunque la edad de partida sigue siendo inferior a la de Europa occidental.

Región Edad media primer hijo* Tendencia
Europa central y oriental Mediados a finales de los 20 Aumento gradual
Europa occidental y septentrional En torno a los 30 Retraso continuado
Europa del sur Entre los 30 y mediados de los 30 Retraso pronunciado

*Datos indicativos basados en estadísticas europeas recientes

¿Por qué los europeos esperan más para tener hijos?

Los demógrafos identifican una combinación de razones sociales, económicas y personales. La decisión de aplazar la paternidad rara vez responde a un único factor.

Título universitario, empleo estable, relación consolidada

Según los investigadores, un número creciente de europeos maneja una especie de lista de requisitos antes de plantearse tener hijos:

  • Completar primero los estudios
  • Contar con un empleo estable o, al menos, seguro
  • Encontrar una vivienda asequible
  • Construir una relación sólida y duradera

Como los periodos de formación se alargan y el acceso al mercado laboral e inmobiliario resulta complicado, el momento en que se cumplen todas estas condiciones se va postergando cada vez más.

Las relaciones también empiezan más tarde. Las citas se gestionan a través de aplicaciones, las carreras profesionales exigen dedicación y la vida en las grandes ciudades es cara. Esta combinación lleva a que muchos veinteañeros se centren antes en el trabajo y la independencia que en formar una familia.

La cultura y las expectativas cambian

En muchos países, la presión social para tener hijos a una edad temprana ha disminuido considerablemente. Donde una generación atrás los treintañeros sin hijos podían recibir miradas de extrañeza, hoy es completamente normal en gran parte de Europa empezar a formar una familia después de los 30.

Al mismo tiempo, crece el número de mujeres que quieren desarrollar su carrera profesional. Algunas posponen el deseo de ser madres para no perder ascensos u oportunidades internacionales. En los hombres ocurre algo similar: cada vez más valoran disponer de una base económica sólida antes de convertirse en padres.

Riesgos para la salud de ser padres más tarde

Aplazar la paternidad puede parecer lógico para muchas personas, pero la biología no sigue el mismo ritmo. La fertilidad femenina comienza a disminuir de forma perceptible a partir de mediados de los treinta, y el descenso se acelera después de los 40.

Quien espera a que todo esté «perfectamente» organizado corre más riesgo de acabar teniendo menos hijos de los deseados, o incluso ninguno.

Médicos y demógrafos advierten de que esta tensión no hace sino crecer. Muchos europeos siguen queriendo dos hijos, a veces tres, pero empiezan tarde con el primero. Eso deja menos margen si la concepción no se produce de inmediato.

Los tratamientos de fertilidad aumentan en Europa

El incremento de los embarazos tardíos va de la mano de un notable crecimiento de la medicina reproductiva. En 2021 se realizaron en Europa más de 1,1 millones de ciclos de tratamiento en casi 1.400 clínicas. Entre los procedimientos más comunes se encuentran:

  • Tratamientos de fecundación in vitro (FIV)
  • ICSI, una variante en la que se inyecta un único espermatozoide en el óvulo
  • Tratamientos hormonales para estimular la ovulación

Estos procesos pueden ser físicamente exigentes y psicológicamente agotadores. Además, los costes varían enormemente según el país. En algunos estados existen amplias coberturas públicas, mientras que en otros los pacientes asumen la mayor parte del gasto.

No todo el mundo puede acceder a estos tratamientos. Ciertos países todavía excluyen a personas solteras o parejas del mismo sexo de determinados procedimientos, lo que genera una desigualdad notable en quién puede intentar cumplir su deseo de ser padre o madre cuando la vía natural no funciona.

¿Qué significa esta tendencia para Europa?

Cuando una parte importante de la población tiene menos hijos de los que desea, las consecuencias van mucho más allá de las familias individuales. El envejecimiento se acelera, el gasto sanitario aumenta y los sistemas de pensiones se ven presionados, porque hay proporcionalmente menos trabajadores para sostener a un número creciente de jubilados.

Los gobiernos intentan responder con políticas que faciliten o incentiven la paternidad, como:

  • Permisos parentales más largos y mejor remunerados
  • Reducción del coste de las guarderías o atención casi gratuita
  • Beneficios fiscales para familias con hijos
  • Políticas activas de vivienda para jóvenes y familias recién formadas

Sin embargo, los investigadores observan que estas medidas no revierten el retraso de forma automática. El cambio más profundo reside en la manera en que los europeos planifican su vida: primero el desarrollo personal y la seguridad económica, y después los hijos.

¿Qué puedes hacer si piensas tener hijos más adelante?

Las personas que dudan o quieren aplazar su deseo de ser padres pueden tomar algunas medidas prácticas. Una prueba de fertilidad con el médico de cabecera o el ginecólogo, por ejemplo, ofrece una imagen clara de la situación actual y puede evitar sorpresas desagradables a los 35 o 40 años.

Cada vez más mujeres optan por congelar sus óvulos como una especie de seguro de futuro. Esto proporciona tiempo adicional, pero no garantiza un embarazo. Los médicos subrayan que se trata de una decisión médicamente compleja y costosa que debe valorarse con detenimiento.

Mantener una conversación abierta con la pareja sobre el momento deseado, el número de hijos y un plan alternativo si las cosas no salen como se espera ayuda a tomar decisiones más realistas. Quienes saben desde joven que definitivamente quieren tener hijos pueden trazar junto a un médico un calendario más holgado.

Para las parejas que ya se enfrentan a problemas de fertilidad, además de los tratamientos médicos existen recursos de apoyo psicológico, como grupos de personas en situaciones similares y coaches especializados. Los procesos prolongados suelen suponer una gran carga para la pareja, y contar con un buen apoyo puede reducir el desgaste emocional y los problemas relacionales.

En definitiva, la tendencia europea demuestra que la edad ideal para tener un hijo rara vez depende únicamente de las emociones. Es el resultado de una interacción entre biología, políticas públicas, economía y ambiciones personales. Comprender mejor ese juego permite elegir con más consciencia cuándo hay lugar para un hijo en la propia vida, o actuar a tiempo cuando ese momento se va desplazando sin querer cada vez más lejos.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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